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En 1954, de un siglo atrás, surgió la Escuela Industrial para Mujeres de Vega Alta (EIMVA). Tema muy en boga de momento. Dicha cárcel, surgió después de la implementación de la constitución del Estado Libre Asociado (ELA), en 1952, donde incluyeron la rehabilitación. Las leyes que impulsaron su surgimiento, en una década anterior, establecía entre sus objetivos que la mujer tenía que ser rehabilitada, primero, para que fuera de su familia, y después de la sociedad. Esto dilucida un desnivel por razón de sexo y de género. En la historia está documentado que las mujeres confinadas están en dicha cárcel son rehabilitadas en vocaciones propias de su sexo y género, como cocinar, planchar, tejer, entre otros. Intrínsicamente eso no es un problema. El problema es que esto eran sus únicas opciones dentro de la “rehabilitación”.

 

En 1989, en Puerto Rico crearon la Ley 54, Ley de “Violencia doméstica”. La cual cumple 25 años. Aunque recientemente aprobaron mediante legislatura que aplicara parejas del mismo sexo, preocupante es que aún no han considerado ni integrado protecciones en torno de las relaciones violencia intrafamiliar. No cualquiera.

 

Me refiero al atropello constante verbal, psicológico e incluso mediante acciones. La limitación que aún tiene es incluso en torno de su implementación. Ni los cuarteles, ni los tribunales, tienen personas preparadas en violencia de género. Como ya yo he mencionado anteriormente, la violencia de género se dirige contra todo aquello que no es inteligible dentro de los roles de género. Esto puede ser que, en caso de que sea una mujer, no sepa cocer, o que un hombre no puede llorar, y hay que tragarse eso. No. Ni se diga porque seas profesional. Porque por supuesto, entras en competencia y ni se diga que puedas estar por encima. Esas personificaciones de misoginia, ese odio de una mujer por ser mujer pero que se mezclan con envidia no pueden quedar impunes. Deberían multar cada agente que no atiende adecuadamente un caso de violencia de género. Deberían multar las instituciones irresponsables por mal manejo de caso. Ni se diga del tape de algunos abogados y abogadas de este mal manejo en el gremio. Pero, ¿puede haber algo peor que un misógino? Si una mujer misógina y cómplice.

 

Ninguna ley apodera intrínsicamente. Es complejo. Tienen que haber un proceso de concienciación desde abajo pero también multilineal. No solamente estructural tampoco. La ley 54 nos muestra una cárcel cultural también porque en la familia “biológica” y “no biológica”, a veces hay mucha complicidad mediante el silencio, y eso aún no se toma suficientemente en cuenta.

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Author: Nahomi Galindo

Nahomi Galindo es profesora. Ha publicado y presentado conferencias a nivel internacional. Sus áreas de investigación son el proceso histórico de la ciencia, el imperio, la salud y la medicina y su impacto en los cuerpos desde el género. @galindomalave

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