{"id":2381,"date":"2016-01-15T14:43:00","date_gmt":"2016-01-15T14:43:00","guid":{"rendered":"https:\/\/16.147.243.36\/?p=2381"},"modified":"2016-01-15T14:43:00","modified_gmt":"2016-01-15T14:43:00","slug":"imaginarios-sobre-la-mujer-en-la-historia-occidental","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/hahr-online.com\/pt\/imaginarios-sobre-la-mujer-en-la-historia-occidental\/","title":{"rendered":"Imaginarios sobre la mujer en la historia occidental."},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/16.147.243.36\/wp-content\/uploads\/2016\/01\/Imaginario-sobre-la-historia-de-la-mujer..jpg\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\" wp-image-2382 aligncenter\" src=\"https:\/\/16.147.243.36\/wp-content\/uploads\/2016\/01\/Imaginario-sobre-la-historia-de-la-mujer.-300x137.jpg\" alt=\"Imaginario sobre la historia de la mujer.\" width=\"401\" height=\"183\" \/><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: center\"><strong>IMAGINARIOS SOBRE LA MUJER EN LA HISTORIA OCCIDENTAL*<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: right\"><em>\u00a0&#8220;Lo que conocemos como femenino en el patriarcado no ser\u00eda lo que las mujeres son o han sido, <\/em><em>sino lo que los hombres han construido para ellas&#8221;. (Luce Irigaray).<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: left\"><strong><em>Eddy Romero Meza<\/em><\/strong><\/p>\n<p>El semi\u00f3logo Walter Mignolo, considera el imaginario como una construcci\u00f3n simb\u00f3lica mediante la cual una comunidad (racial, nacional, imperial, sexual, etc.) puede definirse a s\u00ed misma\u201d. El \u201cimaginario hist\u00f3rico\u201d por su parte es definido por el historiador espa\u00f1ol Jaume Aurell, como: \u201ctodas aquellas realidades del pasado que se han consolidado en la mentalidad de una sociedad determinada, conformando una visi\u00f3n de la historia, bien a trav\u00e9s de una tradici\u00f3n escrita por literatos, intelectuales o historiadores o bien a trav\u00e9s de la tradici\u00f3n oral, transmitida secularmente a lo largo de las generaciones\u201d.<\/p>\n<p>Las representaciones sobre la mujer son m\u00faltiples, acertadas o no. En el mundo occidental predomina una mirada marcada por el patriarcalismo heredero de la tradici\u00f3n cristiana. La sujeci\u00f3n o subordinaci\u00f3n de la mujer en la historia es un hecho incontrovertible, sin embargo los matices son diversos y merecen ser visibilizados. As\u00ed por ejemplo, en la antigua Roma, si bien las mujeres eran consideradas \u201chombres incompletos\u201d y estaban sujetas a la <em>tutela<\/em> de padres y luego esposos, en la Rep\u00fablica \u00faltima y luego en el Imperio las mujeres lograron una virtual igualdad en varios \u00e1mbitos. Ellas pod\u00edan terminar su matrimonio por propia voluntad o por consentimiento mutuo; as\u00ed como adquirir independencia econ\u00f3mica a trav\u00e9s del control de tierras y esclavos heredadas de sus familias y no consideradas dentro de la <em>dote<\/em> otorgada al esposo. De hecho, el soci\u00f3logo alem\u00e1n \u00a0Norbert El\u00edas, describe que las damas de las clases senatoriales muchas veces se identificaban m\u00e1s con su propio linaje que con el de sus esposos. Todo ello sin mencionar lo (relativamente) extendido de las relaciones extramaritalespor parte de mujeres arist\u00f3cratas, las que eran consentidas socialmente hasta cierto punto.<\/p>\n<p>El Estado romano represent\u00f3 cierta unidad basada en la centralizaci\u00f3n pol\u00edtica. La contraparte ser\u00e1 la siguiente etapa, la feudal, donde se instalar\u00e1 una dispersi\u00f3n o atomizaci\u00f3n del poder. Se instala una <em>sociedad guerrera<\/em>, donde obviamente no hay monopolio de la violencia (eso viene con el Estado moderno), vinculada a una <em>moral del linaje<\/em>. En ese escenario el control sobre el cuerpo de la mujer es vital para asegurar la continuidad del linaje. La violencia f\u00edsica como es el caso de la violencia sexual es legitimada a trav\u00e9s de diversas pr\u00e1cticas basadas en la defensa del honor caballeresco. La cultura emocional es compleja, pero domina el impulso (violencia, sexualidad). A pesar de todo, sobre el periodo feudal hay una mirada prejuiciosa y es preciso considerar lo que el medievalista franc\u00e9s Jacques Le Goff, ha se\u00f1alado en torno al supuesto car\u00e1cter \u201coscurantista\u201d de la Edad Media:<\/p>\n<p><em>Aquellos que hablan de oscurantismo no han comprendido nada. Esa es una idea falsa, legado del Siglo de las Luces y de los rom\u00e1nticos. La era moderna naci\u00f3 en el medioevo. El combate por la laicidad del siglo XIX contribuy\u00f3 a legitimar la idea de que la Edad Media, profundamente religiosa, era oscurantista. La verdad es que la Edad Media fue una \u00e9poca de fe, apasionada por la b\u00fasqueda de la raz\u00f3n. A ella le debemos el Estado, la naci\u00f3n, la ciudad, la universidad, los derechos del individuo, la emancipaci\u00f3n de la mujer, la conciencia, la organizaci\u00f3n de la guerra, el molino, la m\u00e1quina, la br\u00fajula, la hora, el libro, el purgatorio, la confesi\u00f3n, el tenedor, las s\u00e1banas y hasta la Revoluci\u00f3n Francesa.<\/em><\/p>\n<p>La domesticaci\u00f3n o control de las emociones no es ajena a la etapa medieval. Coexisten el impulso de una sociedad sumamente violenta, con regulaciones personales-colectivas, las que conformaran la cultura o civilizaci\u00f3n en Occidente. Sin embargo a pesar de todo es una regulaci\u00f3n desde arriba y en un escenario atomizado o disperso (feudos). Alrededor del siglo XII, aparece el denominado <em>amor cort\u00e9s<\/em>, que en la \u00e9poca de los trovadores medievales (poetas provenzales) era llamado\u00a0<em>fin&#8217;amor<\/em>\u00a0(&#8220;fino amor&#8221;, &#8220;amor puro&#8221;, &#8220;amor verdadero&#8221;). Seg\u00fan\u00a0el historiador Georges Duby, no habr\u00eda que ver en este tipo de amor una promoci\u00f3n de la mujer, sino un juego masculino, educativo, para encauzar sus pulsiones y sentimientos. Opera una idealizaci\u00f3n de la dama, pero que no exclu\u00eda el libre curso a la libido con mujeres de rango inferior. El amor cort\u00e9s es propio de la nobleza y su car\u00e1cter era secreto. En una \u00e9poca donde los matrimonios eran arreglados entre las familias por conveniencia, el amor cort\u00e9s no era un amor bendecido por el sacramento del matrimonio, sino eran amores\u00a0ad\u00falteros\u00a0o prohibidos.<\/p>\n<p>Esta idealizaci\u00f3n de la dama es po\u00e9tica y se conserva hasta hoy. El romanticismo decimon\u00f3nico lo actualiza de varias formas. La mujer es objeto de culto er\u00f3tico y amor puro, pero a su vez objeto de desprecio y represi\u00f3n sexual.<\/p>\n<p>Hacia el siglo XVI puede apreciarse una transici\u00f3n. La sensibilidad de \u00e9poca est\u00e1 marcada por la Corte, la sociedad guerrera es reemplazada por una de cortesanos. Como describe Norbert Elias, se produce una gradual privatizaci\u00f3n de las funciones corporales, o sea el pudor o verg\u00fcenza frente a acciones corporales como escupir, eructar, comer con las manos, etc. La mirada del \u201cotro\u201d adquiere importancia y se constituye como un elemento de presi\u00f3n social que regula la conducta. Ello se vincula tambi\u00e9n a un af\u00e1n diferenciador de la sociedad aristocr\u00e1tica-cortesana frente a los villanos o campesinos. Se desarrollan grados de autocontenci\u00f3n y empat\u00eda que son la base de lo que llamamos frecuentemente \u201ccivilizaci\u00f3n\u201d. Los manuales de cortes\u00eda o buen comportamiento se difunden en esta \u00e9poca, destacando el de Erasmo de Rotterdam. La iglesia ocupa un lograr central en la transferencia de modelos hacia abajo, esto a trav\u00e9s de la educaci\u00f3n, la cual estuvo durante siglos en manos eclesi\u00e1sticas. Estos modelos de conducta ser\u00e1n adoptados tambi\u00e9n por los burgueses quienes ascienden r\u00e1pidamente en la sociedad.<\/p>\n<p>Peter Brown en el libro <em>El cuerpo y la sociedad<\/em> (1988), se\u00f1ala que las muchachas del cristianismo primitivo pasaban sin interrupci\u00f3n de la pubertad a la maternidad. El \u201cdestino biol\u00f3gico\u201d de ellas est\u00e1 en la maternidad y su condici\u00f3n de inferioridad frente al hombre no era muy distinta que la de un esclavo o los llamados b\u00e1rbaros. Las mujeres eran consideradas \u201cvarones fallidos\u201d, siendo su peri\u00f3dica menstruaci\u00f3n una las demostraciones de ello. Se establece una \u201cjerarqu\u00eda natural\u201dque posiciona a la mujer abajo siempre. De ah\u00ed tambi\u00e9n el temor masculino frente a la posibilidad de ser <em>feminizado<\/em>. Brown cita a Plutarco quien advert\u00eda que las mujeres eran criaturas indisciplinadas, quienes dejadas a su aire \u201cconciben muchas ideas funestas, bajo designios y emociones\u201d.<\/p>\n<p>De hecho durante la \u00e9poca de la Reforma, para Calvino y otros, las mujeres siguieron\u00a0 representando el <em>sexo d\u00e9bil, fr\u00e1giles, vanidosas y fr\u00edvolas<\/em>, al parecer m\u00e1s propensas que los varones a sucumbir a las tentaciones sexuales. Dentro de la l\u00f3gica tutelar, las mujeres deb\u00edan ser guiadas y controladas por padres o maridos para evitar que cayeran en la aberraci\u00f3n o pecado (Brundage, 1987). Es en la \u00e9poca postridentina, que tambi\u00e9n algunos padres de la iglesia consideraban algunas posiciones sexuales (coitales), como antinaturales. La <em>posici\u00f3n de misionero<\/em> era la natural y esperable entre las parejas casadas, pero cualquier otra representaban desviaciones que invert\u00edan el orden de la naturaleza. Brundage advierte que <em>partes considerables de la ley medieval sobre la conducta sexual sobrevivieron a las luchas religiosas de los siglos XVI y XVII y han logrado penetrar en los sistemas jur\u00eddicos de los estados seculares modernos. <\/em>(Brundage, 1987: 563).<\/p>\n<p>Alejandra Araya describe que la virgen Mar\u00eda, aparece casta y pura en tanto su cuerpo no fue penetrado. Los orificios del cuerpo simbolizar\u00edan puntos especialmente vulnerables y cualquier materia que emane de ellos son marginales: esputo, sangre, leche, orina, excrementos o l\u00e1grimas. El vientre femenino resulta repulsivo incluso para los tratadistas de los siglos XVI-XVII: \u201csomos concebidos con la inmundicia y el hedor, paridos con tristeza y dolor, criados y educados con angustia y esfuerzo\u201d. (R. Muchembled, 2000: 143).<\/p>\n<p>El rechazo a la carne es una fuerte herencia judeo-cristiana. La carne nos condena y nos redime a la vez (por ejemplo a trav\u00e9s de la autoflagelaci\u00f3n). Araya sostiene que en \u00faltima instancia, la sensualidad y la castidad significan poder para la mujer de la Am\u00e9rica colonial.<\/p>\n<p>Cabe destacar la excepcionalidad de algunas mujeres en el contexto hegem\u00f3nico del patriarcado. Tal es el caso de Sor Juana In\u00e9s de la Cruz, afamada escritora novohispana radicada en el virreinato de Nueva Espa\u00f1a (M\u00e9xico), sobre quien Octavio Paz se pregunta: (dado) <em>el car\u00e1cter masculino de la cultura y del mundo en que viv\u00eda Juana In\u00e9s. \u00bfC\u00f3mo, en una civilizaci\u00f3n de hombres y para hombres, puede una mujer, sin masculinizarse, acceder al saber?\u00a0<\/em>(Paz, 1982: 94). Pero a pesar de todo Sor Juana vive en una sociedad colonial donde si bien las reglas eran severas, las pr\u00e1cticas eran blandas. La visi\u00f3n tradicional sobre los monasterios es la de instituciones cerradas donde las monjas viven en permanente clausura, ello es cierto pero a medias. Si bien muchas monjas no sal\u00edan, s\u00ed recib\u00edan visitas. La iglesia ten\u00eda a su cargo dos funciones importantes que hoy corresponden al Estado: la educaci\u00f3n y la beneficencia. La vida cultural era permanente (recitales, teatro, etc.) en los claustros a cargo de la educaci\u00f3n y las monjas desarrollan diferentes actividades vinculadas a la administraci\u00f3n de los recursos, que no eran pocos. Octavio Paz se\u00f1ala que Sor Juana, no fue seducida por la santidad ni por el v\u00e9rtigo de la perdici\u00f3n. En una sociedad prodiga de penitentes y flagelantes, ella supo alejarse y mantener el equilibrio. Su entendimiento racional la mantuvo a distancia de las seducciones de la \u00e9poca: el ascetismo, la milagrer\u00eda o el misticismo. Supo ser una conciencia l\u00facida casi hasta el final.<\/p>\n<p>Paz denuncia la tendencia actual de algunos bi\u00f3grafos o estudiosos de querer santificar a Sor Juana:<\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 monja y h\u00e1bil pol\u00edtica, poetisa e intelectual, enigma er\u00f3tico y mujer de negocios, criolla y espa\u00f1ola, enamorada de las arcanidades egipcias y de la poes\u00eda jocosa, sor Juana se contradice sin cesar y as\u00ed contradice a su \u00e9poca. Contradice tambi\u00e9n a esos panegiristas que la prefieren beata embalsamada a escritora viva<\/em>. (Paz, 1982: 603).<\/p>\n<p>En otra p\u00e1gina el nobel mexicano, alude a los religiosos que recelaron de Sor Juana, as\u00ed como tambi\u00e9n alude indirectamente a los estudiosos de sor Juana, al respecto se\u00f1ala:<\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 En cuanto a Aguiar y Seijas: no necesito recordar sus obsesiones y sus man\u00edas, su odio a las mujeres y su locura limosneril. Las vidas de esos prelados no son ejemplos de \u201cnormalidad\u201d y a ninguno de ellos se le puede llamar un hombre equilibrado. Sin embargo, nadie habla de su inestabilidad ps\u00edquica y de sus graves trastornos psicol\u00f3gicos sino de la neurosis de sor Juana y de sus taras psicosom\u00e1ticas. Extra\u00f1a ceguera. Pienso lo contrario: que Juana In\u00e9s haya sido capaz de resistir tanto tiempo y que solo al final del asedio haya abdicado y haya seguido a sus censores en sus mortificaciones inhumanas, es una hermosa prueba de su fortaleza espiritual.<\/em> (Paz, 1982: 606).<\/p>\n<p>Paz concluye se\u00f1alando que si sor Juana hubiera sido hombre, no la habr\u00edan atormentado los celosos pr\u00edncipes de la iglesia. Exist\u00eda una contradicci\u00f3n entre las letras y ser mujer. Su historia personal, dice Paz, estuvo hecha de la misma substancia, a un tiempo maleable y corrosiva, de la historia del mundo.<\/p>\n<p>Una \u00e9poca m\u00e1s cercana es la etapa victoriana. Periodo donde la moral ser\u00e1 particularmente observada, sobre todo en lo referido a lo sexual. El historiador norteamericano Peter Gay apunta que este periodo ha sido satirizado en exceso: la reina Victoria no era en realidad victoriana. De hecho el caudal er\u00f3tico y la seriedad moral de la clase media ya habr\u00eda estado presente dos o tres d\u00e9cadas antes que la reina victoria ascendiera al trono (1837).<\/p>\n<p>Peter Gay se\u00f1ala que entre 1850 y 1890 se transforman notablemente los modos de cortejar y los ideales de la educaci\u00f3n, as\u00ed como los temores frente a la masturbaci\u00f3n. La cultura burguesa de 1890 ser\u00e1 completamente distinta a la de medio siglo antes. En ese \u00e1mbito de deseos y angustias burguesas, la mente del hombre evidenciar\u00e1 m\u00e1s que nunca que tambi\u00e9n es un escenario hist\u00f3rico. Entre el control y el deseo, nace una cultura de la contenci\u00f3n: \u201chasta donde puedo llegar\u201d. La postergaci\u00f3n de las gratificaciones ser\u00e1 el rasgo que defina al <em>animal cultural<\/em> que es el hombre. Por otro lado, incluso los documentos p\u00fablicos, con sus regulaciones o restricciones (normas, leyes, constituciones), tambi\u00e9n ser\u00e1n condensaciones de los deseos de la sociedad patriarcal.<\/p>\n<p>Este periodo tambi\u00e9n es el momento del descubrimiento del inconsciente. Aquella dimensi\u00f3n atemporal, amoral o carente de l\u00edmites. Hombres y mujeres bajan la guardia sobre en todo en la noches, donde a trav\u00e9s de los sue\u00f1os liberamos el inconsciente. La burgues\u00eda tambi\u00e9n proyectar\u00e1 sus deseos, impulsos o miedos a los sectores populares, sobre los cuales recae una mirada despectiva y a su vez de deseo velado.<\/p>\n<p>La mujer se desenvuelve y de hecho constituye esta sociedad de clase media decimon\u00f3nica, donde se practica la lascivia en secreto, se es mojigato en p\u00fablico e hip\u00f3crita al condenar los deslices de otros. Peter Gay, se\u00f1ala que todas las culturas ponen l\u00edmites a las pasiones, las cuales constituyen poderosas defensas contra el asesinato y el incesto por ejemplo, as\u00ed como de todas las transgresiones derivadas.<\/p>\n<p>La \u00e9poca victoriana\u00a0 tambi\u00e9n vio la emergencia de grupos femeninos diversos, como el caso del movimiento en favor del sufragio de las mujeres. El movimiento feminista tuvo distintos momentos y no es de extra\u00f1ar que algunas declararan: \u201che llegado a la conclusi\u00f3n de que la primera gran obra que deben realizar las mujeres es revolucionar el dogma de que el sexo es un delito, el matrimonio una violaci\u00f3n y la maternidad una ruina\u201d. Elizabeth Cady Staton, 1854 (citada por P. Gay).<\/p>\n<p>La moral burguesa decimon\u00f3nica es parte de la mentalidad occidental de hoy. Aunque se aprecia una creciente liberalizaci\u00f3n en torno a lo sexual por ejemplo, no dejan de pervivir los c\u00f3digos morales basados en la discreci\u00f3n y las buenas conductas. En sociedades como la peruana es sintom\u00e1tico el uso frecuente de expresiones como: \u201cdios perdona el pecado, pero no el esc\u00e1ndalo\u201d o \u201cgente decente\u201d.<\/p>\n<p>Las mujeres son sistem\u00e1ticamente cosificadas por la sociedad del consumo. La frivolizaci\u00f3n de la aldea global apunta sobre todo a ellas, dado el car\u00e1cter hist\u00f3ricamente asignado de compa\u00f1eras o complementos prescindibles de quienes ordenan la sociedad todav\u00eda. El culto a la juventud es m\u00e1s fuertemente difundido entre ellas, se espera m\u00e1s cualidades est\u00e9ticas que morales, \u00e9ticas o profesionales.<\/p>\n<p>Las mujeres en Occidente son las que m\u00e1s han avanzado en las reivindicaciones de derechos en el mundo. Sin embargo, la cultura, el lenguaje, las costumbres que estructuran nuestras sociedades aun las limitan, aprisionan o deslegitiman. La imagen de mujer-madre a\u00fan fundamenta al Estado-naci\u00f3n. Reconfigurar los diferenciales de poder entre hombres y mujeres es imperativo; superar definitivamente las viejas pr\u00e1cticas que ubicaban a los hombres en la esfera p\u00fablica (administraci\u00f3n del poder), y relegaban a la mujer a tan s\u00f3lo la esfera dom\u00e9stica o privada.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>* El presente texto es el trabajo final del curso <em>Historia y G\u00e9nero<\/em> de la Maestr\u00eda de historia de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Un agradecimiento especial a la doctora Mar\u00eda Emma Mannarelli, cuyas ideas gu\u00edan este trabajo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Bibliograf\u00eda<\/strong><\/p>\n<p>Araya Espinoza, Alejandra. <em>La pureza de la carne: el cuerpo de las mujeres en el imaginario pol\u00edtico de la sociedad colonial<\/em>. Revista de Historia Social y de las Mentalidades. A\u00f1o VIII, Vol. 1, 2004: 67-90. Departamento de historia Universidad de Santiago de Chile.<\/p>\n<p>Brown, Peter. <em>El cuerpo y la sociedad. Los hombres, las mujeres y la renuncia sexual en el cristianismo primitivo<\/em>. Muchnik Editores S.A, Barcelona, 1993.<\/p>\n<p>Brundage, James. <em>La ley, el sexo y la sociedad cristiana en la Europa medieval<\/em>. Fondo de Cultura Econ\u00f3mica, M\u00e9xico, 2000.<\/p>\n<p>Duby, Georges. <em>El caballero, la mujer y el cura: El matrimonio en la Francia feudal<\/em>, Penguin, 2013.<\/p>\n<p>Elias, Norbert. <em>El proceso de la civilizaci\u00f3n. Investigaciones sociogen\u00e9ticas y psicogen\u00e9ticas<\/em>. Fondo de Cultura Econ\u00f3mica (2009). Primera edici\u00f3n, Alemania 1977.<\/p>\n<p>Elias, Norbert. <em>La civilizaci\u00f3n de los padres y otros ensayos<\/em>. Grupo Editorial Norma, Bogot\u00e1, 1998.<\/p>\n<p>Gay, Peter. <em>La experiencia burguesa. De Victoria a Freud I. La educaci\u00f3n de los sentidos<\/em>. Fondo de Cultura Econ\u00f3mica. M\u00e9xico, 1992.<\/p>\n<p>Le Goff, Jacques. \u201cSeguimos viviendo en la Edad Media\u201d.\u00a0 Entrevista, Diario La Naci\u00f3n (Argentina), 12 de octubre del 2005. Enlace: <a href=\"http:\/\/www.lanacion.com.ar\/746748-seguimos-viviendo-en-la-edad-media-dice-jacques-le-goff\">http:\/\/www.lanacion.com.ar\/746748-seguimos-viviendo-en-la-edad-media-dice-jacques-le-goff<\/a><\/p>\n<p>Paz, Octavio.\u00a0<em>Sor Juana In\u00e9s de la Cruz o las trampas de la fe<\/em>. M\u00e9xico, Fondo de Cultura Econ\u00f3mica, 1982.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>IMAGINARIOS SOBRE LA MUJER EN LA HISTORIA OCCIDENTAL* \u00a0&#8220;Lo que conocemos como femenino en el patriarcado no ser\u00eda lo que las mujeres son o han sido, sino lo que los hombres han construido para ellas&#8221;. (Luce Irigaray). 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