{"id":1919,"date":"2014-10-29T19:18:17","date_gmt":"2014-10-29T19:18:17","guid":{"rendered":"https:\/\/16.147.243.36\/?p=1919"},"modified":"2014-10-29T19:18:17","modified_gmt":"2014-10-29T19:18:17","slug":"tucuman-virreinal-brujeria-y-mestizaje","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/hahr-online.com\/pt\/tucuman-virreinal-brujeria-y-mestizaje\/","title":{"rendered":"Tucum\u00e1n virreinal, brujer\u00eda y mestizaje"},"content":{"rendered":"<p>En 1619 el jud\u00edo portugu\u00e9s Pedro de Le\u00f3n Portocarrero, un comerciante que regresaba de Lima, sali\u00f3 en un auto de fe en Sevilla, procesado por la Inquisici\u00f3n acusado de practicar <em>La ley de Mois\u00e9s<\/em>; este hombre en 1620 compuso una obra que no conocer\u00edamos hasta 1910 cuando Jos\u00e9 de la Riva Ag\u00fcero la present\u00f3 como ponencia en Espa\u00f1a<a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\">[1]<\/a>. Esta obra, cr\u00f3nica, pero sobre todo <em>descripci\u00f3n<\/em> es una fuente de valiosa informaci\u00f3n militar, geogr\u00e1fica, \u00e9tnica, y cultural de los territorios del entonces virreinato del Per\u00fa, y de zonas aleda\u00f1as como Potos\u00ed, Santiago de Chile y Buenos Aires. En esa <em>descripci\u00f3n <\/em>nuestro autor se refiere a Buenos Aires como una ciudad de poca fortaleza militar, muy descuidada y poco poblada. Tucum\u00e1n no se diferencia de su centro radial, tanto C\u00f3rdova como Santiago de Estero estaban a sesenta leguas, y su debilidad militar es preocupante en relaci\u00f3n a la poblaci\u00f3n india. La poblaci\u00f3n de estas regiones es poco poblada por espa\u00f1oles, C\u00f3rdova tiene quinientas casas de espa\u00f1oles, mientras Santiago de Estero s\u00f3lo tiene cuatrocientos vecinos, en comparaci\u00f3n con <em>\u201clos muchos lugares de indios\u201d <\/em>que menciona el autor<a href=\"#_ftn2\" name=\"_ftnref2\">[2]<\/a>.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La afirmaci\u00f3n de Pedro de Le\u00f3n no es exagerada, la zona de Tucum\u00e1n en t\u00e9rminos \u00e9tnicos era una zona compuesta por una gran diversidad cultural de pueblos nativos que conforme pasaba el tiempo sufr\u00edan un proceso de hibridaci\u00f3n. La zona no era un espacio homog\u00e9neo, hubo poblaciones que aceptaron negociar con los ej\u00e9rcitos conquistadores, hubo otros que resistieron hasta bien entrados el siglo XVII. Inicialmente el orden colonial solo logr\u00f3 imponerse en las cabeceras de Santiago de Estero, Tucum\u00e1n y C\u00f3rdoba. A partir de 1611 y 1612 Francisco de Alfaro imparti\u00f3 unas ordenanzas destinadas a gobernar las poblaciones nativas bajo el modelo de reducciones con un r\u00e9gimen laboral basado en la tributaci\u00f3n, medidas que se aplicaron gradualmente hasta mediados del siglo XVII<a href=\"#_ftn3\" name=\"_ftnref3\">[3]<\/a>. La visita del oidor Luj\u00e1n de Vargas deja muchos datos que contrastar y analizar, por ejemplo entre 1693 y 1694 se realiz\u00f3 una tasaci\u00f3n sobre la ubicaci\u00f3n de los indios en las encomiendas coloniales, y encontr\u00f3 que en algunas zonas hubo mayor cantidad de poblaci\u00f3n nativa viviendo en calidad de servicio personal en encomiendas privadas, mientras que en otras ciudades la mayor\u00eda viv\u00eda en encomiendas comunales. Por ejemplo en Santiago de Estero el 79. 8% de los indios viv\u00edan en encomiendas pueblo, mientras que solo el 21.2 % lo hac\u00edan en tierras privadas, en C\u00f3rdoba el caso era opuesto, el 18 % viv\u00eda en comunidades, y el 82 % viv\u00eda en encomiendas personales. Esto importa ya que los modos de relacionarse de los nativos frente a un nuevo orden difer\u00eda bajo los diferentes sistemas de las encomiendas, as\u00ed entendemos que aquellas <em>encomiendas-pueblo <\/em>eran centros intensos donde el ritual y la cultura prehisp\u00e1nica se pod\u00eda reproducir constantemente, mientras las <em>encomiendas privadas <\/em>ser\u00eda un perfecto escenario donde se podr\u00eda transmitir las creencias populares de indios a mestizos, etc. Frente a estos datos encontramos una realidad m\u00e1s demoledora, ya que la poblaci\u00f3n de indios es basta, s\u00f3lo en Santiago exist\u00edan 1435, siendo la zona de mayor presencia ind\u00edgena (casi un 20 % del total)<a href=\"#_ftn4\" name=\"_ftnref4\">[4]<\/a>.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Lo anterior no es una reflexi\u00f3n meramente cuantitativa, la presencia ind\u00edgena demandaba una profunda configuraci\u00f3n cultural de car\u00e1cter mixto. Pedro de Le\u00f3n dec\u00eda que la mayor\u00eda de estos nativos est\u00e1n \u201c<em>desviados del Camino Real<\/em>\u201d, lo que puede interpretarse que estas poblaciones gentiles demostraban constantemente sus creencias religiosas, o idolatr\u00edas. Sin embargo, no eran idolatr\u00edas meramente andinas, hubo un factor de hibridaci\u00f3n con algunas creencias hispanas, principalmente las referidas a las <em>salamancas. <\/em>Y es que las poblaciones protagonistas de estas desviaciones y persecuciones no fueron solo indios, sino ante todo las poblaciones producto de la conquista, mestizos y mestizas. Finalmente, en Santiago de Estero que pertenec\u00eda a la gobernaci\u00f3n de Tucum\u00e1n<a href=\"#_ftn5\" name=\"_ftnref5\">[5]<\/a>, hubo un elemento primordial: la presencia incesante del monte. El monte es parte del paisaje natural de las poblaciones espa\u00f1olas e indias, es un habito en su historia, y se configurar\u00e1 luego durante la persecuci\u00f3n de hechiceras, como el sitio donde se encuentran las salamancas \u2013 escuelas de brujas \u2013 y donde se ten\u00eda el contacto demoniaco<a href=\"#_ftn6\" name=\"_ftnref6\">[6]<\/a>; en este caso podemos decir que el medio natural, como afirmaba Robert Mandrou \u2013 se configura como un faro mental y de especulaci\u00f3n, es pensando como punto de acci\u00f3n de actividades diarias hostiles y fraternales a la vez<a href=\"#_ftn7\" name=\"_ftnref7\">[7]<\/a>. Recordemos que el monte era propio del paisaje ribere\u00f1o, pero pod\u00eda ser a su vez el escondite de los indios rebeldes, el lugar de las sesiones y pactos diab\u00f3licos, etc.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La hechicer\u00eda femenina se desarroll\u00f3 en un \u00e1rea andina muy singular, algunas ciudades importantes pose\u00edan un Tribunal de la Inquisici\u00f3n que condenaba los casos de herej\u00eda, pero en Tucum\u00e1n colonial esta instancia no lleg\u00f3 a instalarse; pero a\u00fan as\u00ed los tormentos y castigos que se usaron en los casos de sortilegio y brujer\u00eda fueron los mismos que usaba el Santo Oficio, esto debido a que el gobernador Juan Ram\u00edrez de Velasco en el siglo XVI solicit\u00f3 permiso para copiar tales pr\u00e1cticas<a href=\"#_ftn8\" name=\"_ftnref8\">[8]<\/a>. La hechicer\u00eda como idea occidental lleg\u00f3 a Am\u00e9rica producto de la traslaci\u00f3n ideol\u00f3gica del cristianismo que encontr\u00f3 en las costumbres y pr\u00e1cticas de las mujeres y hombres andinos similares caracter\u00edsticas con las pr\u00e1cticas m\u00e9dicas de las clases populares en Europa. Las formas de curar, orar, y convivir de las mujeres en el mundo andino se conden\u00f3 debido a una ideolog\u00eda importada donde el estereotipo de bruja encontr\u00f3 un perfecto modelo en los curanderos nativos. Los cronistas como Jos\u00e9 de Acosta y Polo de Ondergardo mencionan la existencia de hechiceras debido a la presencia indudable del demonio que mov\u00eda a los indios a adorar las fuerzas de la naturaleza. As\u00ed, ciertas caracter\u00edsticas de la religi\u00f3n nativa como predecir el futuro mediante el tabaco o coca, y el conocimiento curativo mediante el uso de hierbas recordaba los poderes que el demonio daba a sus seguidores mediante el conocimiento del herbolario y la capacidad de ver el futuro<a href=\"#_ftn9\" name=\"_ftnref9\">[9]<\/a>. Para los sacerdotes espa\u00f1oles las habilidades y t\u00e9cnicas andinas ten\u00edan como fuente el contacto diab\u00f3lico. Este proceso no fue nuevo, al igual que en Europa en Am\u00e9rica los sistemas de creencias existentes antes del cristianismo sufrieron una <em>reinterpretaci\u00f3n<\/em> calific\u00e1ndose a esas antiguas creencias de paganas, condenables y en directa relaci\u00f3n y <em>representaci\u00f3n<\/em> del mal<a href=\"#_ftn10\" name=\"_ftnref10\">[10]<\/a>.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Tucum\u00e1n como hemos visto fue una sociedad mestiza, mitad andina, mitad castellana. La poca cantidad de espa\u00f1oles, hombres \u2013 teniendo en consideraci\u00f3n el clima guerrero de lugares en plena anexi\u00f3n \u2013 obligaba a la mezcla mediante situaciones violentas como violaciones, pero tambi\u00e9n alianzas matrimoniales. El car\u00e1cter mestizo de los hijos era \u2013 como dice Kathryn Burns \u2013 una lucha no s\u00f3lo patrimonial sino ideol\u00f3gica, muchos espa\u00f1oles mandaban a sus hijas a los conventos para que recibieran la educaci\u00f3n cristiana y se alejaran de las creencias maternas. Pero \u00bfQu\u00e9 suced\u00eda en el caso de aquellas que no iban al convento?. Con seguridad muchas mestizas recibieron influencia de ambos sentidos ideol\u00f3gicos, podemos suponer, como dice Carlo Ginzburg, la existencia de intermedios culturales que transmit\u00edan a individuos susceptibles y proclives a la hibridaci\u00f3n (generalmente los ni\u00f1os y ni\u00f1as) las creencias, ritos populares y folklore de una sociedad subordinada<a href=\"#_ftn11\" name=\"_ftnref11\">[11]<\/a>; por ello la mayor\u00eda de estos intermedios eran las madres, ni\u00f1as, sirvientes, compa\u00f1eros de juegos, etc.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Un elemento m\u00e1s que configura a Tucum\u00e1n como una zona de an\u00e1lisis es su clima pol\u00edtico inestable. Recordemos que en 1630, y hasta 1636, los indios de las localidades aleda\u00f1as a Salta, San Juan y Jujuy protagonizaron una rebeli\u00f3n, llamada luego \u201cEl Gran Alzamiento\u201d, donde participaron las tribus daguitas y otras contra el gobierno y el cabildo espa\u00f1ol<a href=\"#_ftn12\" name=\"_ftnref12\">[12]<\/a>. Un hecho sumamente violento que inici\u00f3 con la muerte de un espa\u00f1ol, Juan Ortiz de Urbina, su familia y un fraile a la que sigui\u00f3 un conjunto de vindicaciones entre ambos bandos. Luego, en 1657 surgi\u00f3 un nuevo levantamiento de los indios calchaqu\u00edes promovidos por un milenarista Pedro Bohorquez, movimiento que tambi\u00e9n fue reducido pero origin\u00f3 una gran tensi\u00f3n con los nativos<a href=\"#_ftn13\" name=\"_ftnref13\">[13]<\/a>. Compartimos la posici\u00f3n de Mar\u00eda Emma Mannarelli cuando menciona que la brujer\u00eda y hechicer\u00eda no fueron fen\u00f3menos aislados que aparecieron como movimientos pro-<em>occidentalizados <\/em>perseguidos en el Nuevo Mundo, por el contrario su represi\u00f3n se asoci\u00f3 al surgimiento de los viejos cultos andinos e idolatr\u00edas<a href=\"#_ftn14\" name=\"_ftnref14\">[14]<\/a>, y definitivamente los dos movimientos mencionados no solo eran pol\u00edticos, debieron tener \u2013 como en la mayor\u00eda \u2013 reivindicaciones religiosos en torno a sus antiguos cultos. Las rebeliones originaron una mayor presi\u00f3n y vigilancia sobre los indios, y esto trajo como consecuencia mayor represi\u00f3n sobre grupos como las <em>hechiceras salamancas<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La hechicer\u00eda sin embargo es tan bien un fen\u00f3meno muy complejo, su persecuci\u00f3n no fue tan intensa como supone la historiograf\u00eda habitual y la tradici\u00f3n. Mannarelli bas\u00e1ndose en los datos dejados por Toribio Medina y contrastados con el trabajo de archivo encuentra que para mediados del siglo XVII de 184 personas que comparecieron ante el Tribunal, solo 60 fueron procesos por hechicer\u00eda, la mayor\u00eda mujeres, bien podemos decir que la <em>caza de brujas <\/em>no tuvo un car\u00e1cter masivo en Lima, ciudad mestiza y criolla donde se castigaba m\u00e1s la apostas\u00eda, las solicitaciones y herej\u00eda. Sin embargo habr\u00eda que recordar que el control inquisitorial fue m\u00e1s eficiente en las zonas urbanas y aleda\u00f1as que en los territorios alejados, de esa forma las hechiceras alejadas de Lima, por ejemplo, estaban menos controladas, sumando a ello los altos costos que implicaba llevar mujeres procesadas a las grandes urbes donde se encontraba el tribunal<a href=\"#_ftn15\" name=\"_ftnref15\">[15]<\/a>. Tucum\u00e1n, como dijimos no ten\u00eda tribunal de Fe, y la justicia la aplicaba el Cabildo de la misma forma. En ese sentido, la hechicer\u00eda fue un fen\u00f3meno m\u00e1s prolongado e intenso (as\u00ed como su respectiva represi\u00f3n) en las zonas rurales alejadas de las grandes urbes. La hechicer\u00eda era practicada sobre todo por mujeres (ofrec\u00edan sus servicios de remedios, adivinaci\u00f3n mediante antiguos cultos), la mayor\u00eda de ellas eran solteras o viudas, y generalmente indias o mestizas, ordinariamente de los estratos sociales m\u00e1s bajos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La represi\u00f3n hacia la hechicer\u00eda tucumana se debi\u00f3 entonces a la necesidad de las autoridades de liberar esa zona de los antiguos cultos y alejar as\u00ed las idolatr\u00eda de los indios rebeldes, que avivaba su car\u00e1cter beligerante. La idea era no permitir que estos cultos se extendieran a las \u00e1reas urbanas. As\u00ed, se persigui\u00f3 a las portadoras de estos conocimientos antiguos identificados como hechicer\u00eda occidental; un conocimiento que tambi\u00e9n era masculino, pero suponemos que la guerra y las situaciones violentas encarg\u00f3 este sistema de saberes en las mujeres viudas y en sus descendencias tambi\u00e9n producto de hechos violentos como violaciones. En esta \u00e9poca los tratados como el <em>Malleus Maleficarum <\/em>de los dominicos Heinrich Kramer y Jacobus Sprenger van ayudando a construir el estereotipo de la bruja.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En Tucum\u00e1n las hechiceras, principalmente mestizas e indias por los casos ya expuestos, fueron perseguidas de una manera brutal, por ejemplo una india muri\u00f3 producto de la doble tortura a la que fue sometida de manera paralela (la garrucha junto al ladrillo y sue\u00f1o al estilo espa\u00f1ol). Judith Faberman estudia para el siglo XVIII este fen\u00f3meno y arroja conclusiones sorprendentes, por ejemplo la mayor\u00eda de mujeres que fueron procesadas estaban en intima relaci\u00f3n con su comunidad, es decir ten\u00edan una extendida <em>fama p\u00fablica<a href=\"#_ftn16\" name=\"_ftnref16\"><strong>[16]<\/strong><\/a><\/em>, Generalmente estas hechiceras eran acusadas de producir maleficios y \u201cda\u00f1o\u201d a otras personas (el asunto era m\u00e1s grave cuando eran espa\u00f1oles o patrones). La mayor\u00eda de procesadas fueron indias que hablaban otro idioma y estaban solteras y viudas (por ejemplo el proceso de Luisa Gonzales en 1689, Lucrecia en 1715 y otra india llamada Clara en 1719), posiblemente muchas viudas producto de las guerras en 1630, y solteras pero sujetas a la violaci\u00f3n por lo que sus hijas pudieron seguir portando sus conocimientos de curaci\u00f3n.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Tanto Alicia Poderti como Judith Faberman citan los mismos casos de indias, por ejemplo el de Pancha y Lorenza en 1761 es muy significativo porque acab\u00f3 con la muerte de una de ellas; la mayor\u00eda son acusadas por <em>rumores <\/em>en relaci\u00f3n a la posesi\u00f3n de objetos de hechicer\u00eda (animalillos, \u00eddolos o <em>jumes fresco<\/em>). Sin embargo lo m\u00e1s interesante es que muchas de estas mujeres reconocieron que hab\u00edan obtenido su <em>arte <\/em>en una \u201csalamanca\u201d, como lo hicieron efectivamente Pancha y Lorenzo describiendo los lugares y hasta los participantes. As\u00ed mientras las indias y mestizas eran sofocadas en el Tucum\u00e1n, muchas familias de espa\u00f1oles migraban hac\u00eda otras zonas.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\"><\/a>* Fragmento de una ponencia expuesta en las IX Jornadas de Historia Colonial organizada por el Grupo de Estudios Coloniales en Santiago, Chile, en mayo del 2014<\/p>\n<p>[1] Carlos CARCEL\u00c9N, \u201cEspionaje, guerra y competencia en el siglo XVII. El jud\u00edo portugu\u00e9s Pedro de Le\u00f3n Portocarrero, autor de la <em>Descripci\u00f3n del Virreinato del Per\u00fa<\/em>\u201d en <em>Investigaciones Sociales<\/em>, N\u00b0 22, UNMSM, Lima, 2009, pp. 101-116.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref2\" name=\"_ftn2\">[2]<\/a> Boleslao LEWIN, <em>Descripci\u00f3n del Virreinato del Per\u00fa. Cr\u00f3nica in\u00e9dita de comienzos del siglo XVII<\/em>. Rosario: Universidad Nacional del Litoral, 1958, p. 102.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref3\" name=\"_ftn3\">[3]<\/a> Judith FABERMAN y Roxana BOIXAD\u00d3S. \u201cSociedades ind\u00edgenas y encomienda en el Tucum\u00e1n colonial. Un an\u00e1lisis comparado de la visita de Luj\u00e1n de Vargas\u201d en <em>Revista de Indias<\/em>, N\u00b0 238, 2006, p. 607<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref4\" name=\"_ftn4\">[4]<\/a> Judith FABERMAN y Roxana BOIXAD\u00d3S, \u201cSociedades\u2026\u201d, p. 608.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref5\" name=\"_ftn5\">[5]<\/a> Habr\u00eda que recordar que la regi\u00f3n denominada El Tucum\u00e1n ten\u00eda como jurisdicci\u00f3n a las localidades de Santiago del Estero, C\u00f3rdoba, Tucum\u00e1n, Salta, Jujuy y la Rioja.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref6\" name=\"_ftn6\">[6]<\/a> Judith FABERMAN. <em>Las salamancas de Lorenza. Magia, hechicer\u00eda y curanderismo en el Tucum\u00e1n colonial<\/em>. Buenos Aires: Siglo XXI, 2005.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref7\" name=\"_ftn7\">[7]<\/a> Robert MANDROU. <em>Introducci\u00f3n a la Francia Moderna (1500-1640). Ensayo de psicolog\u00eda hist\u00f3rica<\/em>. M\u00e9xico: UTEHA, 1962, p. 73.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref8\" name=\"_ftn8\">[8]<\/a> Alicia PODERTI. <em>Brujas Andinas. La inquisici\u00f3n en Argentina<\/em>. Sydney: Cervantes Publishing, 2005, p. 8.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref9\" name=\"_ftn9\">[9]<\/a> Irene SILVERBLATT. <em>Luna sol y brujas. G\u00e9nero y clases en los Andes prehisp\u00e1nicos y coloniales<\/em>. Cuzco: Centro de Estudios Regionales \u201cBartolom\u00e9 de las Casas\u201d, 1990, p. 129.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref10\" name=\"_ftn10\">[10]<\/a> Julio CARO BAROJA, <em>Las brujas y su mundo. <\/em>Madrid: Alianza, 1982, p. 64.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref11\" name=\"_ftn11\">[11]<\/a> Carlo GINZBURG, \u201cFreud, el hombre de los lobos y lobizones\u201d, en <em>Mitos, emblemas e indicios. Morfolog\u00eda e Historia<\/em>, Barcelona: Gedisa, 1986, p. 200.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref12\" name=\"_ftn12\">[12]<\/a> Eric BOMAN, \u201cTres cartas de gobernadores de Tucum\u00e1n sobre Todos los Santos de la Nueva Rioja y sobre El Gran Alzamiento\u201d, <em>Revista de la Universidad Nacional de C\u00f3rdova<\/em>, A\u00f1o V, N\u00b0 1, 1918, p. 5.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref13\" name=\"_ftn13\">[13]<\/a> Manuel LIZONDO BORDA. <em>Breve historia de Tucum\u00e1n. Del siglo XVI al siglo XX<\/em>. Tucum\u00e1n, 1965, p. 62.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref14\" name=\"_ftn14\">[14]<\/a> Mar\u00eda Emma MANNARELLI, \u201cInquisici\u00f3n y mujeres. Las hechiceras en el Per\u00fa durante el siglo XVII\u201d, <em>Hechiceras, beatas y exp\u00f3sitas. Mujeres y poder inquisitorial en Lima<\/em>. Lima: Fondo Editorial del Congreso, 1998, p. 27.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref15\" name=\"_ftn15\">[15]<\/a> Mar\u00eda Emma MANNARELLI, \u201cInquisici\u00f3n\u2026\u201d, pp. 24-25<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref16\" name=\"_ftn16\">[16]<\/a> Judith FABERMAN, <em>Las salamancas de\u2026.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En 1619 el jud\u00edo portugu\u00e9s Pedro de Le\u00f3n Portocarrero, un comerciante que regresaba de Lima, sali\u00f3 en un auto de fe en Sevilla, procesado por la Inquisici\u00f3n acusado de practicar La ley de Mois\u00e9s; este hombre en 1620 compuso una obra que no conocer\u00edamos hasta 1910 cuando Jos\u00e9 de la Riva Ag\u00fcero la present\u00f3 como ponencia en Espa\u00f1a[1]. 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