{"id":1938,"date":"2014-10-31T21:29:14","date_gmt":"2014-10-31T21:29:14","guid":{"rendered":"https:\/\/16.147.243.36\/?p=1938"},"modified":"2014-10-31T21:29:14","modified_gmt":"2014-10-31T21:29:14","slug":"historia-latinoamericana-historia-de-america-latina-latinoamerica-en-la-historia-conferencia-de-hilda-sabato-en-el-marco-del-xvii-congreso-internacional-de-historiadores-latinoamericanistas-europeo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/hahr-online.com\/es\/historia-latinoamericana-historia-de-america-latina-latinoamerica-en-la-historia-conferencia-de-hilda-sabato-en-el-marco-del-xvii-congreso-internacional-de-historiadores-latinoamericanistas-europeo\/","title":{"rendered":"Historia latinoamericana, historia de Am\u00e9rica Latina, Latinoam\u00e9rica en la historia. Conferencia de Hilda S\u00e1bato en el marco del XVII Congreso Internacional de Historiadores Latinoamericanistas Europeos &#8211; AHILA 2014."},"content":{"rendered":"<h4 style=\"text-align: justify\">En el marco del XVII Congreso Internacional de la Asociaci\u00f3n de Historiadores Latinoamericanistas Europeos (AHILA 2014), que tuvo lugar en Berlin el pasado mes de septiembre, Hilda S\u00e1bato realiz\u00f3 un interesante acercamiento a la evoluci\u00f3n de los estudios historiogr\u00e1ficos llevados a cabo en Am\u00e9rica Latina, para ubicarlos en el ya amplio debate sobre la \u201cglobal history\u201c que domina hoy los escenarios acad\u00e9micos internacionales. La investigadora argentina despliega as\u00ed una serie de interrogantes, y algunas esclarecedoras propuestas, sobre el sentido de las historias producidas en las \u00faltimas d\u00e9cadas en \u2013y sobre- la regi\u00f3n. Y demuestra la enorme complejidad espacial, temporal, geopol\u00edtica y epistemol\u00f3gica manifiesta en los esfuerzos por hacer \u201chistorias latinoamericanas\u201c, \u201chistorias de Am\u00e9rica Latina\u201c, y por llevar a cabo un posicionamiento de Latinoam\u00e9rica en la \u201cnueva\u201c historia global que se elabora como paradigma dominante en las instituciones acad\u00e9micas de las metr\u00f3polis del saber.<\/h4>\n<h4 style=\"text-align: justify\"><\/h4>\n<h4 style=\"text-align: justify\">Quisiera agradecer aqu\u00ed a Hilda S\u00e1bato por permitirme difundir este texto.<\/h4>\n<address style=\"text-align: justify\">\u00a0<\/address>\n<address style=\"text-align: justify\">\n<hr \/>\n<\/address>\n<h2 style=\"text-align: justify\">Historia latinoamericana, historia de Am\u00e9rica Latina, Latinoam\u00e9rica en la historia.<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify\">Hilda Sabato (CONICET\/Universidad de Buenos Aires)<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">[Conferencia de clausura del XVII Congreso Internacional de AHILA \u2013Asociaci\u00f3n de Historiadores Latinoamericanistas Europeos. Berl\u00edn, 12 de septiembre de 2014. Este texto tiene formato coloquial por lo que no incluye referencias bibliogr\u00e1ficas].<\/p>\n<address style=\"text-align: justify\">\u00a0<\/address>\n<address style=\"text-align: justify\">\u00a0<\/address>\n<p style=\"text-align: justify\">Cuando Stefan Rinke me invit\u00f3 a reflexionar sobre la historia global reaccion\u00e9 con mi reticencia habitual frente a temas tan amplios, pero tambi\u00e9n descart\u00e9 centrarme en mi \u00e1rea espec\u00edfica de investigaci\u00f3n. Prefer\u00ed, en cambio, una escala intermedia para intentar una conversaci\u00f3n sobre Am\u00e9rica Latina, foco de esta conferencia. Pens\u00e9 que quiz\u00e1 val\u00eda la pena interrogar el objeto mismo del encuentro, denominado \u2013como saben- \u201cEntre Espacios: la historia latinoamericana en el contexto global\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\u00bfA qu\u00e9 nos referimos con historia latinoamericana? \u00bfA la de los pa\u00edses tal y como los conocemos actualmente? \u00bfA la de la suma de esos pa\u00edses? \u00bfA la de una regi\u00f3n que suponemos tiene una historia que no es apenas la de esa suma? Y \u00bfc\u00f3mo se cruza la dimensi\u00f3n geogr\u00e1fico-espacial (los territorios del subcontinente) con la dimensi\u00f3n socio-temporal? Esto es, esta \u201chistoria latinoamericana\u201d \u00bfsurge de proyectar hacia atr\u00e1s la definici\u00f3n actual de Am\u00e9rica Latina para abarcar todo el pasado humano de un espacio que hoy comprende desde el R\u00edo Grande hasta Tierra del Fuego? O solo se ocupa de Am\u00e9rica Latina desde\u2026 \u00bfdesde cu\u00e1ndo? \u00bfDesde que fue conquistada por los europeos? En ese caso: \u00bfcu\u00e1les son sus l\u00edmites? Habr\u00eda quiz\u00e1 que incluir California y la Florida, por lo menos\u2026 O tal vez solo queremos referirnos a lo que ocurri\u00f3 despu\u00e9s de la ruptura del orden colonial. En fin, no es f\u00e1cil definir nuestro objeto.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">La cuesti\u00f3n se complejiza si consideramos la frase \u201cen el contexto global\u201d. Lo global \u00bfes solo contexto? Y frente a una historia global, la historia latinoamericana \u00bfno presentar\u00eda las mismas limitaciones que las historias nacionales? Pensar globalmente \u00bfno exigir\u00eda cuestionar la idea misma de ese recorte? Finalmente, \u201centre espacios\u201d: la f\u00f3rmula abre todav\u00eda m\u00e1s cuestiones, pues el tema del espacio no es de abordaje sencillo. Por eso, planteada la interrogaci\u00f3n general, no pretendo aventurar ninguna respuesta, sino apenas centrarme en una pregunta: qu\u00e9 hacemos cuando decimos que hacemos historia latinoamericana.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">La propuesta de incorporar al subcontinente como parte de una misma historia aparece en forma fragmentaria desde muy atr\u00e1s. A mediados del siglo XIX, por ejemplo, Bartolom\u00e9 Mitre escrib\u00eda la biograf\u00eda de San Mart\u00edn con proyecci\u00f3n regional y le pon\u00eda como t\u00edtulo <em>Historia de San Mart\u00edn y la emancipaci\u00f3n sudamericana<\/em>. M\u00e1s expl\u00edcito fue el emprendimiento que, en 1918, encabezaron historiadores acad\u00e9micos norteamericanos que crearon la Hispanic American Historical Review para canalizar la producci\u00f3n sobre los pa\u00edses ubicados al sur de los EE.UU. Ese fue, sin duda, un hito en el proceso de formaci\u00f3n de un campo de estudios en las universidades de ese pa\u00eds, cuya trayectoria ha sido explorada en varios trabajos relativamente recientes. No es mi intenci\u00f3n revisar esa literatura ni tampoco hacer un rastreo sistem\u00e1tico de la proyecci\u00f3n y redefinici\u00f3n de ese campo en otros lugares, pues esa tarea requerir\u00eda de capacidades y conocimientos que me exceden. Me interesa, en cambio, reflexionar sobre el tema con una mirada m\u00e1s acotada y, debo confesar, muy marcada por mi propia experiencia a lo largo de cuatro d\u00e9cadas. En ese marco, me pregunto por las maneras en que la historia como disciplina encar\u00f3 el estudio del pasado de este \u201csubcontinente\u201d que hoy llamamos Am\u00e9rica Latina y encuentro tres variantes o momentos (que se superponen parcialmente en el tiempo) en ese sentido. Los resumo en la f\u00f3rmula incluida en el t\u00edtulo de mi charla, con una variaci\u00f3n en el orden: historia de Am\u00e9rica Latina, historia latinoamericana y Latinoam\u00e9rica en la historia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><strong>Historia de Am\u00e9rica Latina<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">En 1968, se creaba, en Lima, la Comisi\u00f3n de Historia Econ\u00f3mica del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO), coordinada por dos historiadores de prestigio en la regi\u00f3n, el mexicano Enrique Florescano y el chileno \u00c1lvaro Jara. Esta iniciativa reun\u00eda dos gestos innovadores: por una parte, se propon\u00eda fomentar la historia econ\u00f3mica, en ese momento un campo de vanguardia que ven\u00eda a renovar la disciplina; por el otro, se dispon\u00eda a coordinar a los cultores de ese campo en Am\u00e9rica Latina y a promover estudios sistem\u00e1ticos sobre temas espec\u00edficos para toda la regi\u00f3n. Los historiadores participaban as\u00ed del movimiento m\u00e1s general que, con foco en las ciencias sociales, contribu\u00eda a construir \u201cAm\u00e9rica Latina\u201d a la vez como objeto de estudio y como espacio de intervenci\u00f3n pol\u00edtica e ideol\u00f3gica. Si bien esa denominaci\u00f3n tiene una historia m\u00e1s larga, fue en la segunda posguerra cuando se impuso sobre otras maneras de nombrar a la regi\u00f3n, a la vez que adquiri\u00f3 fuerza connotativa en t\u00e9rminos identitarios. La creaci\u00f3n de CEPAL en 1948, en el marco de las Naciones Unidas, fue clave en ese sentido, a la que sigui\u00f3 FLACSO en 1957, como organizaci\u00f3n intergubernamental. Finalmente, diez a\u00f1os m\u00e1s tarde, por iniciativa aut\u00f3noma de cient\u00edficos sociales de la regi\u00f3n, se cre\u00f3 el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO), como instituci\u00f3n no gubernamental destinada a coordinar a los centros de investigaci\u00f3n existentes. Su constituci\u00f3n refleja bien el clima de ideas prevaleciente en las ciencias sociales latinoamericanas, clima que fue a su vez alimentado por la actividad y la pr\u00e9dica desarrolladas desde esa organizaci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">En ese marco, los historiadores mostraron un camino algo diferente al de sus colegas en las otras disciplinas. As\u00ed, mientras soci\u00f3logos y polit\u00f3logos produc\u00edan obras que buscaban dar cuenta de los procesos regionales, como <em>La dependencia pol\u00edtico econ\u00f3mica de Am\u00e9rica Latina<\/em>, de Cardoso y Faletto, o <em>La econom\u00eda latinoamericana, de la conquista Ib\u00e9rica a la Revoluci\u00f3n Cubana<\/em>, de Celso Furtado, los dos de 1969, desde la historia los planteos eran otros. El texto de fundaci\u00f3n de la comisi\u00f3n de historia de CLACSO toma en consideraci\u00f3n, como punto de partida, \u201cun pasado com\u00fan y problemas tambi\u00e9n comunes\u201d para fundamentar la voluntad de \u201cprogramar [a futuro] investigaciones de largo alcance y capaces de cubrir grandes \u00e1reas y grandes per\u00edodos cronol\u00f3gicos\u201d. A ello sigui\u00f3 la organizaci\u00f3n de dos tipos de simposios que desembocaron en varias publicaciones: por un lado, se discuti\u00f3 sobre aspectos metodol\u00f3gicos de la disciplina y cuestiones referidas a las tendencias historiogr\u00e1ficas; por el otro, se trabaj\u00f3 sobre temas concretos considerados de importancia com\u00fan para Latinoam\u00e9rica, que dieron lugar a vol\u00famenes colectivos como el libro pionero <em>Haciendas, latifundios y plantaciones en Am\u00e9rica Latina<\/em>, de 1975; <em>Or\u00edgenes y desarrollo de la burgues\u00eda en Am\u00e9rica Latina<\/em>, publicado en 1985 pero que reun\u00eda ponencias presentadas a una reuni\u00f3n de 1978, y otros por el estilo. En estas obras, la definici\u00f3n de una tem\u00e1tica general considerada relevante para el conjunto de Am\u00e9rica Latina, se desgranaba, sin embargo, en estudios espec\u00edficos referidos a alg\u00fan pa\u00eds o regi\u00f3n en particular. Se plasmaba as\u00ed una visi\u00f3n que resultaba de una suma de partes concatenadas entre s\u00ed por interrogantes comunes, y que a su vez pod\u00eda revelar desarrollos paralelos y tendencias compartidas. La problem\u00e1tica era general, el abordaje, en cambio, era particular.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Esta f\u00f3rmula (\u201cde lo particular a lo general\u201d) se observa tambi\u00e9n en el libro cl\u00e1sico de Tulio Halperin Donghi,<em> Historia contempor\u00e1nea de Am\u00e9rica Latina<\/em>, publicado inicialmente en italiano en 1967 y en castellano dos a\u00f1os m\u00e1s tarde, donde el autor recorre, con un programa com\u00fan, el pasado de los distintos pa\u00edses de la regi\u00f3n, uno a uno y a lo largo de un siglo y medio. Desde el comienzo, Halperin advierte el desaf\u00edo que tiene entre manos cuando dice \u201cProblema es ya la unidad del objeto mismo\u2026\u201d. Para construir esa unidad, combina tiempos y espacios, en una arquitectura de gran complejidad que articula, como ha se\u00f1alado con perspicacia Joao Paulo Pimenta, situaciones muy diversas y ofrece una s\u00edntesis-problema. En sinton\u00eda con el clima de la \u00e9poca en que fue escrito, el libro traza un arco que subsume al conjunto: la relaci\u00f3n de dependencia de Am\u00e9rica Latina frente al sistema internacional, desde la etapa colonial en adelante, en la medida en que sucesivas metr\u00f3polis pautaron desde afuera las coordenadas dentro de las cuales se desenvolvi\u00f3 la regi\u00f3n. La historia est\u00e1 contada, sin embargo, en un di\u00e1logo entre lo que ocurri\u00f3 en cada lugar y en cada tiempo, y ese arco que imprime unidad a la diversidad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Esta forma de aproximaci\u00f3n contrasta parcialmente con la que ensayaban, por la misma \u00e9poca, Stanley y Barbara Stein en <em>La herencia colonial de Am\u00e9rica Latina<\/em>, o la m\u00e1s simple que hab\u00eda propuesto Pierre Chaunu a fines de la d\u00e9cada de 1940 en su <em>Histoire de l\u2019Am\u00e9rique Latine<\/em>. Esos textos trazan patrones de comportamiento social y econ\u00f3mico general para la regi\u00f3n, con \u00e9nfasis en los siglos de dominaci\u00f3n imperial. Ambos se internan, en sus \u00faltimos cap\u00edtulos, en el per\u00edodo postrevolucionario con resultados desiguales. As\u00ed, mientras los Stein mantienen su visi\u00f3n integradora, Chaunu alterna ese prop\u00f3sito con el desgranamiento por pa\u00edses, en particular cuando quiere dar cuenta de los avatares pol\u00edticos en diferentes espacios. De todas maneras, los dos libros se inscriben en una tendencia m\u00e1s amplia, diferente de la anteriormente mencionada y que identifico con el momento que llamo de la<em> historia latinoamericana.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><strong>Historia latinoamericana<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">A diferencia de los historiadores del sur que se embarcaban en el estudio del pasado de Am\u00e9rica Latina a trav\u00e9s de una composici\u00f3n articulada sobre la base de historias de espacios m\u00e1s acotados (para el siglo XIX, las flamantes naciones), en los centros acad\u00e9micos europeos y de los EE.UU. se consideraba la regi\u00f3n como unidad ex ante. Y m\u00e1s all\u00e1 de c\u00f3mo cada investigador armara la totalidad (si iba de lo particular a lo general o viceversa) el resultado refer\u00eda centralmente a esta. Y se fundaba sobre un supuesto muy fuerte que te\u00f1\u00eda el inter\u00e9s y la producci\u00f3n sobre el tema: Am\u00e9rica Latina era una. Era \u201cuna\u201d en su presente y en su pasado, y se defin\u00eda b\u00e1sicamente en contraste con el norte. Era \u201cel otro\u201d, pero no el otro radical, sino el que ofrec\u00eda la contracara del proceso civilizatorio occidental, de cuyo seno hab\u00eda surgido. Era su criatura desviada. M\u00e1s all\u00e1 de las diferencias de valoraci\u00f3n que surgieron en la academia respecto a ese proceso y sus consecuencias para Am\u00e9rica Latina, la premisa de la fundamental unidad de la historia y el destino del subcontinente presid\u00eda todas ellas. Se trataba, as\u00ed, de encontrar en el pasado las causas de ese derrotero tan diferente al de la Am\u00e9rica del Norte, lo que aliment\u00f3 debates acad\u00e9micos y pol\u00edticos durante d\u00e9cadas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Sobre la base de esa premisa compartida, tom\u00f3 forma el campo de la <em>historia latinoamericana<\/em>, que se articul\u00f3 con una tendencia m\u00e1s general en la vida institucional de las universidades del norte, la proliferaci\u00f3n de \u201carea studies\u201d, donde se conjugaban especialistas de diferentes disciplinas \u2013no siempre en armon\u00eda- en torno al estudio y la ense\u00f1anza sobre diferentes \u00e1reas del mundo, entre ellas, Am\u00e9rica Latina. Ese auge ten\u00eda menos que ver con la academia que con las pol\u00edticas internacionales del norte durante la Guerra Fr\u00eda, en particular en los EE.UU. donde varias agencias estatales y fundaciones privadas fomentaron activamente esa organizaci\u00f3n institucional para la construcci\u00f3n y difusi\u00f3n del conocimiento. Su influencia fue decisiva en la promoci\u00f3n de los estudios latinoamericanos, en cuyos marcos se desarroll\u00f3 una historiograf\u00eda que compart\u00eda el objeto de estudio.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">En una nota m\u00e1s personal, pero que estoy segura reconocer\u00e1n como propia unos cuantos colegas, recuerdo que me sorprend\u00ed cuando, al llegar a Londres como estudiante de doctorado, segura en mi definici\u00f3n de aspirante a historiadora sin m\u00e1s, me encontr\u00e9 incluida en una categor\u00eda que para m\u00ed era hasta entonces desconocida, la de \u201clatinoamericanista\u201d. El problema no era solo de nomenclatura: nunca hasta entonces hab\u00eda pensado mi campo de inter\u00e9s en esa escala, a la vez ampliada y reducida: ampliada a toda la regi\u00f3n pero reducida a esa regi\u00f3n. Mi preocupaci\u00f3n entonces era el proceso de acumulaci\u00f3n capitalista en la Argentina, con foco en el agro pampeano, lo que me impuls\u00f3 a buscar y establecer comparaciones con otras regiones del mundo, incluyendo algunos otros pa\u00edses de Am\u00e9rica Latina, pero sin darle especificidad latinoamericana. Esa tarea quedaba, seg\u00fan entend\u00eda yo las pr\u00e1cticas de la \u00e9poca, para los cient\u00edficos sociales\u2026<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">En un momento en que la historia buscaba en las ciencias sociales modelos de causalidad fuerte y m\u00e9todos para el estudio de las estructuras que se consideraban determinantes del devenir social, la mayor parte de los historiadores del sur que entonces insert\u00e1bamos nuestra disciplina en esa \u00e1rea cient\u00edfica, segu\u00edamos focalizados en lo particular y en el pasado que podr\u00edamos denominar, laxamente, \u201cnacional\u201d (volver\u00e9 sobre este \u00faltimo punto). Solo desde all\u00ed, como ya dije, eventualmente y al calor de los cambios pol\u00edtico ideol\u00f3gicos del momento, se buscaban conexiones y se trazaban comparaciones para hablar de Am\u00e9rica Latina. De ah\u00ed el impacto que recib\u00edamos al encontrarnos con la \u201chistoria latinoamericana\u201d, campo en que se presupon\u00eda una totalidad a partir de la cual se part\u00eda para atender a los casos particulares.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">En los a\u00f1os 90 ese panorama fue sacudido por la crisis de los \u201carea studies\u201d -sobre todo pero no \u00fanicamente en los EE.UU. Antes que el resultado de alg\u00fan cuestionamiento intelectual o acad\u00e9mico, esta crisis tuvo su origen en las nuevas pol\u00edticas institucionales que vieron la luz con la conclusi\u00f3n de la Guerra Fr\u00eda, y que se tradujeron en un radical recorte de los fondos y los proyectos para los estudios de \u00e1rea. Las prioridades pasaron a ser otras; el mundo se tornaba \u201cglobal\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Este giro inicialmente despert\u00f3 una reacci\u00f3n fuerte de parte de estudiosos hasta entonces ubicados en aquel espacio, que defendieron intelectual e institucionalmente su territorio. Esta resistencia tuvo en las Humanidades (entre ellas, la historia) su foco principal, mientras que en los \u00e1mbitos de la sociolog\u00eda, econom\u00eda y ciencias pol\u00edticas se reafirmaban, en cambio, propuestas te\u00f3ricas y metodol\u00f3gicas que renegaban de las concepciones que hab\u00edan alimentado los area studies, y privilegiaban otras formas de conocimiento. Para ellos, el objeto Am\u00e9rica Latina carec\u00eda de relevancia de cara a los an\u00e1lisis de tipo te\u00f3rico o, en el terreno emp\u00edrico, los destinados a corroborar, en diferentes per\u00edodos y lugares \u2013preferentemente muy diferentes entre s\u00ed-, las teor\u00edas entonces en boga, como el \u201crational choice\u201d o el neo-institucionalismo. No se consideraba necesario, para ese ejercicio, conocer en detalle cada caso elegido, ni incorporar bibliograf\u00eda en diferentes idiomas, pues se cruzaban variables muy generales, supuestamente disponibles en publicaciones escritas, sobre todo, en ingl\u00e9s.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Estos movimientos no desembocaron, sin embargo, en la desaparici\u00f3n de los programas, institutos o postgrados \u201clatinoamericanistas\u201d, sino en una relativa marginaci\u00f3n institucional y en una reducci\u00f3n de su cobertura disciplinar. La historia como disciplina pas\u00f3 a ocupar, en ese sentido, un lugar destacado en ese nuevo contexto reducido y la historia latinoamericana mantuvo su vigencia por alg\u00fan tiempo m\u00e1s. Pero tambi\u00e9n all\u00ed llegar\u00edan los aires de cambio de la mano de la globalizaci\u00f3n y dar\u00edan paso al tercer momento, el que llamo \u201cLatinoam\u00e9rica en la historia\u201d, y que afecta tanto el norte como el sur, aunque de distintas maneras, como intentar\u00e9 mostrar a continuaci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><strong>Latinoam\u00e9rica en la historia<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">En el transcurso de este a\u00f1o, me toc\u00f3 participar de dos reuniones convocadas por colegas del norte: la primera, en EE.UU., llevaba por t\u00edtulo \u201cAmerican Civil Wars. The Entangled Histories of the United States, Latin America, and Europe\u201d y la segunda, en Espa\u00f1a, \u201cFederalismos. Europa del Sur y Am\u00e9rica Latina en perspectiva hist\u00f3rica\u201d. Si bien hubo ocasiones anteriores en que asist\u00ed a reuniones donde se combinaban presentaciones de diversas regiones del mundo, nunca la enunciaci\u00f3n fue tan clara como ahora. Am\u00e9rica Latina aparece aqu\u00ed como una regi\u00f3n entre otras, en paralelo con otras \u2013al menos en el t\u00edtulo! Y parece entrar en la Historia del mundo ya no como lo otro sino como una parte. \u00bfSer\u00e1 as\u00ed?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\u00bfQu\u00e9 est\u00e1 pasando? No es f\u00e1cil trazar un mapa de situaci\u00f3n, as\u00ed que proceder\u00e9 por partes. No me queda m\u00e1s remedio, entonces, que empezar por la historia global (a pesar de mi inicial resistencia a hablar de ese tema). Y voy a hacerlo de manera muy elemental, refiri\u00e9ndome a algunos rasgos b\u00e1sicos y conocidos pero que sirven de punto de partida. Como sabemos, no hay una definici\u00f3n universalmente aceptada de ese t\u00e9rmino, que se utiliza gen\u00e9ricamente para hacer referencia a un conjunto de aproximaciones diferentes al pasado (que llevan distintos nombres y conviven y compiten entre s\u00ed con bastante entusiasmo). Todas ellas tienen, sin embargo, un denominador com\u00fan: la cr\u00edtica a las <em>historias nacionales<\/em>, que focalizan su mirada dentro de las fronteras de cada pa\u00eds o de otros espacios sociopol\u00edticos o culturales espec\u00edficos. Proponen, en cambio, una redefinici\u00f3n de los marcos y escalas espaciales y temporales de indagaci\u00f3n. En el conjunto de enfoques reconocen esta perspectiva, se distinguen dos orientaciones principales. Por una parte, la que se impone trascender las fronteras pol\u00edticas y territoriales de \u201csociedades\u201d consideradas singulares para atender a procesos m\u00e1s abarcadores, idealmente globales o mundiales; por otra, la que apunta a los intercambios, flujos, transferencias y conexiones entre sociedades diversas, esto es, transnacionales. En sus versiones m\u00e1s atractivas, estas dos vertientes no reniegan de las historias m\u00e1s acotadas, sino que se proponen atender a diferentes escalas de observaci\u00f3n y an\u00e1lisis.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">No estamos ante problemas estrictamente nuevos, pues desde los or\u00edgenes mismos de la disciplina no han faltado los intentos de escribir historias universales, as\u00ed como de dar cuenta de las articulaciones de diversa \u00edndole entre distintas partes del mundo. Lo novedoso reside en dos factores que han potenciado la vigencia de estas propuestas. Primero, ante un mundo que se globaliza aceleradamente y en el que, sobre todo, circulan ideolog\u00edas de globalizaci\u00f3n, interrogarse sobre ese proceso ha puesto en primer plano la cuesti\u00f3n de las escalas espaciales y temporales de indagaci\u00f3n. Segundo, la propia disciplina ha experimentado una intensificaci\u00f3n de los intercambios e interconexiones, que ha reforzado la influencia de las historiograf\u00edas que se practican en los pa\u00edses centrales, lo que llev\u00f3 a una relativamente r\u00e1pida expansi\u00f3n de la historia global. En esta materia, la pr\u00e9dica en pos de no replicar las viejas formas de la \u201chistoria universal\u201d \u2013caracterizada por un eurocentrismo hoy objeto de fuertes cr\u00edticas no ha implicado, sin embargo, el fin de las hegemon\u00edas a la hora de construir conocimiento. Y si bien en Am\u00e9rica Latina existen precedentes en materia de aproximaciones globales o transnacionales al pasado, la nueva ola proviene, en este caso, de los centros acad\u00e9micos del Norte.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Esta situaci\u00f3n ha llevado a cambiar parcialmente las coordenadas con las que se abordaba la historia latinoamericana en las universidades de los pa\u00edses centrales. Es cierto que el mandato de globalizar lleva, en un punto, a impugnar el recorte que presupone una unidad de sentido para un territorio autocontenido, de fronteras previamente definidas (ya no solo \u201cnacionales\u201d) como, por ejemplo, Am\u00e9rica Latina. Kenneth Pomeranz, en un art\u00edculo reciente donde hace agudas observaciones sobre los problemas que se le plantean a la disciplina en esta era \u201cmenos nacional\u201d, como \u00e9l la llama, se refiere a esta cuesti\u00f3n. Traduzco sus palabras: \u201cuna respuesta efectiva a la llamada \u2018globalizaci\u00f3n\u2019 no es simplemente descartar unidades toda vez que descubrimos que no son totalidades autocontenidas, sino atender a c\u00f3mo se hicieron y rehicieron, y preguntarse para qu\u00e9 son o no son \u00fatiles \u2013como unidades anal\u00edticas para nosotros y en tanto unidades frecuentemente \u2018naturalizadas\u2019 que se usan para movilizar recursos en proyectos del \u2018mundo real\u2019\u201d. Su inter\u00e9s radica en el este asi\u00e1tico, pero sus argumentos pueden extenderse a otras \u00e1reas, como la que aqu\u00ed nos ocupa. Encuentra que hoy es a\u00fan m\u00e1s pertinente que antes considerar aquella regi\u00f3n como una unidad a los efectos de la reflexi\u00f3n y el an\u00e1lisis, pues en las \u00faltimas d\u00e9cadas y no obstante los procesos concretos de globalizaci\u00f3n que, dice, supuestamente trascienden las regiones, el este de Asia ha mostrado un incremento notable de las interconexiones y tramas de relaci\u00f3n entre los pa\u00edses que la constituyen. La regi\u00f3n de hoy no es la misma que la de hace treinta a\u00f1os, lo que implica, adem\u00e1s, que estamos frente a un producto hist\u00f3rico que cambia, se rehace y redefine, pero que puede seguir entendi\u00e9ndose como una unidad de an\u00e1lisis, en una escala diferente a la vez de la nacional y de la global.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Pomeranz argumenta as\u00ed contra algunas tendencias que se resisten a enfoques que no sean los estrictamente globales. Frente a las propuestas m\u00e1s radicales, encontramos que la mayor parte de los antiguos latinoamericanistas buscan inscribirse en las nuevas orientaciones pero sin abandonar su lugar de referencia, ya sea a trav\u00e9s de planteos que sintonizan con los de Pomeranz, y que siguen pensando en Am\u00e9rica Latina otorg\u00e1ndole alguna unidad de sentido, ya por medio de abordajes que refieren a la segunda veta de la revoluci\u00f3n global, la que remite a lo transnacional en alguna de sus variantes.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Si estas son las discusiones que atraviesan la academia en el norte, donde la historia global se ha convertido no solo en una moda, sino en un mandato imperativo (so pena de perder influencias institucionales y apoyos materiales), \u00bfqu\u00e9 ocurre en Am\u00e9rica Latina? En la mayor parte de nuestros pa\u00edses, esta ola ha llegado de afuera y solo recientemente ha entrado en la agenda acad\u00e9mica. No porque la historiograf\u00eda se mantenga aferrada te\u00f3ricamente a las historias nacionales en sentido estricto, sino porque los cuestionamientos a \u00e9stas siguieron otros derroteros y se manifestaron de otras maneras. Hace un a\u00f1o Sergio Serulnikof y Andrea Lluch organizaron, en Buenos Aires, una reuni\u00f3n sobre \u201cLatinoam\u00e9rica y los enfoques globales\u201d, de la que participaron historiadores de la regi\u00f3n especializados en diferentes campos invitados para explorar la relaci\u00f3n de sus propios trabajos con la perspectiva ahora en boga y para reflexionar sobre el impacto y el potencial de la misma para la historia de Am\u00e9rica Latina. Esa convocatoria part\u00eda de la constataci\u00f3n de que la historia global en sus versiones m\u00e1s duras pr\u00e1cticamente no ten\u00eda cultores entre nosotros, pero que era posible y deseable establecer un di\u00e1logo entre nuestras pr\u00e1cticas y los enfoques vigentes con mayor fuerza en el norte. El resultado de este encuentro fue muy iluminador, porque mostr\u00f3 hasta qu\u00e9 punto, sin hacer profesi\u00f3n de fe global o transnacional, la mayor\u00eda hac\u00eda rato se hab\u00eda desmarcado de los encuadres nacionales m\u00e1s tradicionales, y sobre todo, incorporaba, en sus trabajos, miradas e interrogantes inscriptos en otras escalas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Vuelvo, entonces, a la historia de Am\u00e9rica Latina en ese contexto. En lo que sigue, mis observaciones van a estar seguramente sesgadas por mi propia especializaci\u00f3n en el campo de la historia pol\u00edtica, aunque creo no equivocarme si supongo que en este terreno hay tendencias compartidas con otras zonas de la disciplina. La historiograf\u00eda reciente muestra, en general, un cambio notable respecto tanto a la tradici\u00f3n de las historias nacionales como a las concepciones latinoamericanistas mencionadas antes y que florecieron en las d\u00e9cadas de 1960 y 70. Unas y otras, por cierto, marcadas por un esencialismo ahora bajo cr\u00edtica. El punto de partida sigue siendo preferentemente nacional (o sub-nacional), pero desde all\u00ed se han ido generando espacios de interlocuci\u00f3n y debate de mayor alcance: en primer lugar, de proyecci\u00f3n latinoamericana, pero tambi\u00e9n para incluir, seg\u00fan el tema de que se trate, a otros espacios sociales y geogr\u00e1ficos como por ejemplo, las ex-metr\u00f3polis imperiales (Espa\u00f1a y Portugal), Am\u00e9rica en su conjunto, el mundo atl\u00e1ntico, etc\u00e9tera. Este giro ha implicado no solamente la adopci\u00f3n de una mirada comparativa en los estudios locales y el establecimiento de un di\u00e1logo intenso con otras historiograf\u00edas, sino tambi\u00e9n la consideraci\u00f3n de temas \u201cnacionales\u201d como parte de conjuntos m\u00e1s abarcadores que cruzan las actuales fronteras. El par\u00e1metro nacional no refiere ya a una unidad autocontenida, origen y destino de la historia, sino m\u00e1s bien al punto de observaci\u00f3n actual del historiador nacionalmente situado, que formula y organiza sus preguntas desde ese presente localizado, pero no aislado. Volver\u00e9 sobre esto.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Este movimiento es el resultado de factores muy diversos en buena medida compartidos con otras regiones. Por cierto que la autonomizaci\u00f3n de la historia como disciplina respecto a las que fueron sus obligaciones identitarias asociadas a la formaci\u00f3n y consolidaci\u00f3n de los estados naci\u00f3n durante el siglo XIX y parte del XX ha tenido un lugar central en la puesta en cuesti\u00f3n de los marcos interpretativos nacionales. Tambi\u00e9n los fen\u00f3menos de globalizaci\u00f3n del \u201cmundo real\u201d han incidido decisivamente en la apertura a nuevas preguntas, y en el caso de Am\u00e9rica Latina se podr\u00eda pensar que la mayor intensidad en los intercambios econ\u00f3micos, pol\u00edticos y culturales de las \u00faltimas d\u00e9cadas entre los pa\u00edses de la regi\u00f3n estimula a los historiadores a ampliar sus marcos de referencia. M\u00e1s que esa influencia \u201cexterna\u201d, sin embargo, tengo la impresi\u00f3n de que ha sido el propio desarrollo institucional de la disciplina que ha contribuido a romper las fronteras de indagaci\u00f3n. En la mayor parte de los pa\u00edses latinoamericanos, en los \u00faltimos treinta a\u00f1os ha tenido lugar un cambio importante en las condiciones de producci\u00f3n historiogr\u00e1fica. Se ha afirmado y ampliado el campo acad\u00e9mico, donde se investiga cada vez m\u00e1s, se publican y circulan trabajos de todo tipo, se crean carreras de posgrado y se multiplican los t\u00edtulos, se organizan encuentros, se dan becas y subsidios, etc\u00e9tera, etc\u00e9tera. El resultado ha sido un crecimiento del output historiogr\u00e1fico que, si lo midi\u00e9ramos, seguramente resultar\u00eda exponencial. Al mismo tiempo, junto a ese desarrollo se observa una sostenida circulaci\u00f3n de estudiosos y de sus producciones entre pa\u00edses, as\u00ed como el trazado de redes de relaci\u00f3n institucional y articulaci\u00f3n de proyectos, todo lo cual ha llevado a la formaci\u00f3n de una comunidad cient\u00edfica que no reconoce las antiguas fronteras. Esa apertura no se limita a los intercambios entre latinoamericanos pero, a diferencia de las \u00e9pocas en que la referencia externa eran casi exclusivamente las universidades de EEUU y Europa, desde donde, en todo caso, se triangulaba con Am\u00e9rica Latina, en los \u00faltimos tiempos se observa un reconocimiento cada vez mayor de interlocutores de la propia regi\u00f3n. Esta densidad en los intercambios ha desprovincializado la profesi\u00f3n, pero ello no necesariamente implica un redireccionamiento de la historia nacional a otra latinoamericana, sino formas diferentes de pensar los problemas, en cualquier escala que ellos se planteen.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Basta revisar el programa de este congreso para ver hasta qu\u00e9 punto la mayor parte de los trabajos siguen teniendo anclajes que en primera instancia podr\u00edamos llamar \u201cnacionales\u201d. Me explico: hice el ejercicio de revisar los t\u00edtulos de las ponencias de todos los simposios como una forma de aproximarme a los abordajes vigentes. Es cierto que los t\u00edtulos pueden no reflejar contenidos, pero son un indicador, sobre todo en un congreso cuya convocatoria exig\u00eda esforzarse por insertarse en el debate global\/transnacional. Los organizadores y participantes, en gran mayor\u00eda latinoamericanos, respondieron de manera interesante. Por una parte, un importante n\u00famero de sesiones se abocan, expl\u00edcitamente, a cuestiones que suponen interconexiones transnacionales: hay varias sobre migraci\u00f3n en sus diferentes formas (inmigraci\u00f3n, di\u00e1sporas, exilios); otras tantas sobre circulaci\u00f3n y flujos de otro tipo: saberes, mercanc\u00edas, personas, ideas, instituciones, discursos, etc\u00e9tera, etc\u00e9tera. Las ponencias incorporan casi siempre una fuerte referencia \u201cnacional\u201d o local, pues en muchos casos se trata de flujos \u201cdesde\u201d y \u201chacia\u201d un pa\u00eds o lugar determinado (por ejemplo, inmigraci\u00f3n polaca al Brasil o viajeros en el Per\u00fa). La dimensi\u00f3n latinoamericana solo se hace presente en la coexistencia de trabajos sobre diferentes pa\u00edses de la regi\u00f3n, y a veces por la comparaci\u00f3n expl\u00edcita entre dos o m\u00e1s de ellos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Por otro lado, la mayor parte de los simposios proponen temas variados, que no necesariamente implican una perspectiva transnacional y mucho menos global, con predominio de ponencias referidas a casos particulares (en general, con anclaje \u201cnacional\u201d: como por ejemplo fiscalidad en M\u00e9xico o planificaci\u00f3n familiar en Guatemala o la ni\u00f1ez en el norte de la Patagonia, y as\u00ed siguiendo). En este caso, el escenario es de comparaci\u00f3n m\u00e1s que de cambio de escala, comparaci\u00f3n que en algunos simposios se despliega expl\u00edcitamente en sus ponencias y en otros, est\u00e1 impl\u00edcita, en el marco de una agenda de temas que s\u00ed es compartida y refleja el clima de intercambio al que me refer\u00ed m\u00e1s arriba. Finalmente, un reducido n\u00famero de trabajos incluyen en su t\u00edtulo a Latinoam\u00e9rica como conjunto, o alguna referencia a la escala global propiamente dicha.Este breve recorrido no tiene por objeto mostrar que todo sigue igual, que seguimos haciendo historias nacionales como siempre, o cualquier otra afirmaci\u00f3n general por el estilo. Estoy convencida que este congreso mostr\u00f3 novedades en la agenda, y no solo por su t\u00edtulo, ni porque estemos necesariamente haciendo historia global de Am\u00e9rica Latina. Me parece que la innovaci\u00f3n viene por el lado de una disposici\u00f3n compartida a interrogar las fronteras tem\u00e1ticas, espaciales y temporales de nuestra disciplina. En ese marco, y para terminar, quisiera ensayar algunas reflexiones sobre el lugar que siguen manteniendo las historias nacionales en esta era de desacople entre historia e identidad nacional, historiadores y estado, y sobre los desaf\u00edos que se presentan cuando buscamos articular diferentes escalas de an\u00e1lisis, para as\u00ed volver, finalmente, a la historia de Am\u00e9rica Latina.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><strong>Historias \u201cnacionales\u201d<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">La historia como disciplina tuvo un papel central en la consolidaci\u00f3n de los estados naci\u00f3n, y por muchas d\u00e9cadas afirm\u00f3 su lugar y su poder a partir de su capacidad para inventar historias nacionales que contribuyeron a definir identidades. Esa colocaci\u00f3n ha variado de manera sustantiva, y desde hace ya varias d\u00e9cadas, la historia se ha desgajado de ese papel; en consecuencia, ha ganado autonom\u00eda a la vez que ha perdido poder. Han sido, parad\u00f3jicamente, los propios historiadores quienes han contribuido de manera m\u00e1s sistem\u00e1tica a deconstruir intelectualmente el artefacto estado-naci\u00f3n y a revelar el rol que la historia como disciplina tuvo en su conformaci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Este proceso ha contribuido a abrir el pasado a apropiaciones e interpretaciones diversas, en particular en los procesos de construcci\u00f3n de identidades colectivas, ahora no solo nacionales.Este proceso de autonomizaci\u00f3n de la historia ha inducido importantes cambios en la disciplina, y en lo que nos ata\u00f1e aqu\u00ed, ha desdibujado las referencias nacionales que durante mucho tiempo constituyeron presupuestos fuertes de la producci\u00f3n historiogr\u00e1fica. Sin embargo, como vemos, buena parte de las historias que se escriben en nuestros d\u00edas mantienen su inscripci\u00f3n nacional \u2013esto es, se escribe historia de las mujeres, los inmigrantes, las finanzas o los partidos pol\u00edticos en M\u00e9xico, Per\u00fa, Brasil, Argentina\u2026- y que a\u00fan cuando se trabaja en escalas menores \u2013locales, regionales- la referencia a lo nacional es recurrente. Esta inscripci\u00f3n no resulta apenas una r\u00e9mora, un obst\u00e1culo de etapas anteriores destinado a desaparecer, sino que remite tanto al objeto mismo de estudio como a las formas de producci\u00f3n y difusi\u00f3n historiogr\u00e1fica, a las tradiciones del campo y al lugar que la disciplina ocupa en el debate p\u00fablico.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">En cuanto al objeto mismo de estudio, las naciones son artefactos relativamente recientes en la historia humana y en particular lo son en Am\u00e9rica Latina. \u00bfQu\u00e9 sentido tiene, entonces, referir al pasado presuponiendo el punto de llegada, contingente por cierto, de la formaci\u00f3n nacional? Pero a\u00fan para los tiempos nacionales, \u00bfqu\u00e9 posibilidad hay de dar sentido a cualquier proceso sin atender a ese car\u00e1cter contingente, inestable y poroso de las naciones? Todo esto es sabido y es lo que ha contribuido a otorgar vigencia a las propuestas globales y transnacionales. Al mismo tiempo, sin embargo, las naciones existen y es poco probable que desaparezcan pronto. Como bien se\u00f1ala Tom Bender \u2013en un libro ejemplar de una historia de los EE.UU. que trasciende espacial y temporalmente la dimensi\u00f3n nacional-, la naci\u00f3n contin\u00faa y debe continuar siendo un objeto central de la investigaci\u00f3n hist\u00f3rica; la naci\u00f3n, agrego yo, no como una unidad autocontenida cuyo punto de consagraci\u00f3n se alcanz\u00f3 con la consolidaci\u00f3n estatal, hacia la cual y desde la cual se organiza el pasado, sino como una m\u00e1s de las formas de organizaci\u00f3n social humana. Al mismo tiempo, esa forma sigue hoy muy vigente, superpuesta a otras pero no por ello menos verdadera. Y su eficacia se hace visible en nuestra propia pr\u00e1ctica disciplinar: la historiograf\u00eda puede no reconocer fronteras, pero los historiadores estamos en buena medida nacionalmente situados.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">En efecto, los historiadores seguimos insertos en estructuras institucionales con base nacional: universidades, instituciones de ense\u00f1anza, y sistemas cient\u00edficos de producci\u00f3n y evaluaci\u00f3n, entre otros, sobre todo en Am\u00e9rica Latina. Hay algunas novedades en ese terreno, pero no tantas. Por su parte, nuestro trabajo ya no depende \u00fanicamente de la documentaci\u00f3n oficial, pero sigue apoy\u00e1ndose sobre materiales generados y sobre todo puestos en valor y en circulaci\u00f3n p\u00fablica, por instituciones estatales (archivos, bibliotecas, etc.) o que se reconocen como \u201cnacionales\u201d. En el seno de la profesi\u00f3n, por su parte, si bien la internacionalizaci\u00f3n es creciente, las tradiciones historiogr\u00e1ficas locales pesan en el di\u00e1logo que establece cada uno de nosotros tanto con sus antecesores y con sus contempor\u00e1neos. Finalmente, gran parte de las preocupaciones que nos motivan est\u00e1n referidas a nuestro universo m\u00e1s inmediato de referencia, y el pa\u00eds donde cada uno ejerce su oficio ocupa en ese sentido un lugar central, aunque no exclusivo, por cierto. Esta situaci\u00f3n se potencia por el papel que el pasado nacional ocupa en los debates p\u00fablicos, sobre todo en los pa\u00edses latinoamericanos, donde ese pasado \u2013el reciente pero tambi\u00e9n el m\u00e1s remoto, anterior a la era de las naciones- tiene una vigencia p\u00fablica y pol\u00edtica que en otras sociedades no se manifiesta con la misma intensidad o se reserva para algunas cuestiones espec\u00edficas de gran trascendencia, como el nazismo en Alemania o la esclavitud en los EE.UU.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">De esta manera, el \u201chacer historia\u201d tiene fuertes anclajes en estructuras, representaciones y pr\u00e1cticas relacionadas con lo nacional. Al mismo tiempo, existe el desaf\u00edo ya bien instalado en la profesi\u00f3n de trascender esos l\u00edmites, lo que \u2013opino- no deber\u00eda convertirse en un nuevo mandato excluyente que busque desgajar el ejercicio de la disciplina de contextos que sirven, con frecuencia, para enriquecer y dar sentido a la pr\u00e1ctica del historiador. \u00bfC\u00f3mo trascender esos l\u00edmites y a la vez mantener la tensi\u00f3n creativa con el horizonte nacional que sigue vigente?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Sin pecar de optimismo excesivo, creo que eso es lo que est\u00e1 ocurriendo en parte de la historiograf\u00eda de Am\u00e9rica Latina, que no se ha lanzado a escribir la historia del subcontinente sino a ampliar su horizonte de interrogantes y de indagaci\u00f3n, lo que est\u00e1 llevando, me parece, a pasar de las miradas comparativas a la articulaci\u00f3n de problemas en diferentes escalas. La percepci\u00f3n de que los fen\u00f3menos locales forman parte de historias m\u00e1s amplias no deber\u00eda llevarnos a pensar que solo los estudios en escala mayor tienen sentido. No se trata de que todos nos dediquemos a indagar a Latinoam\u00e9rica como un todo, o lo que sea, sino m\u00e1s sencillamente, de no tomar el marco nacional como l\u00edmite de indagaci\u00f3n o punto de partida y de llegada inamovible. Tampoco Am\u00e9rica Latina, una representaci\u00f3n cultural tan contingente como cada una de sus naciones.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">En ese sentido, quisiera plantear algo as\u00ed como un juego de escalas, en que cada investigaci\u00f3n pueda enfocar niveles espaciales y temporales diferentes, seg\u00fan la \u00edndole del problema a explorar y los interrogantes que gu\u00eden al historiador, pero a la vez se inscriba en un campo problem\u00e1tico que incorpore tambi\u00e9n otras escalas de observaci\u00f3n y an\u00e1lisis. Esta formulaci\u00f3n no encierra novedad alguna, pues es lo que siempre ha hecho la buena historiograf\u00eda. Lo nuevo quiz\u00e1 sea, en este campo, la exigencia que hoy se impone a cada uno de nosotros de atender a las interconexiones e interrelaciones m\u00e1s all\u00e1 de la escala elegida.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Esta posibilidad presenta, sin embargo, dificultades concretas en materia metodol\u00f3gica, ya se\u00f1aladas en los debates recientes sobre el tema y que aqu\u00ed apenas sintetizo con la met\u00e1fora que utiliza Pomeranz en el art\u00edculo ya citado cuando se\u00f1ala que \u201cdiferentes escalas hist\u00f3ricas no anidan prolijamente una dentro de la otra, como mu\u00f1ecas rusas\u2026\u201d. En ese sentido, me gustar\u00eda insistir en lo que ya han remarcado otros estudiosos y que resumo en dos propuestas muy generales para nuestra labor: incorporar la \u201chistoria global\u201d como una perspectiva que resulta insoslayable, en la medida en que pensemos cada problema (acotado o ampliado, singular o compartido) en su inserci\u00f3n en un marco espacial, temporal y tem\u00e1tico que lo excede; al mismo tiempo, evitar que este posicionamiento se convierta en un imperativo te\u00f3rico o metodol\u00f3gico, que nos fuerce a atender exclusivamente a aquellos temas que se consideran de \u00edndole \u201cglobal\u201d o transnacional, o -en su versi\u00f3n teleol\u00f3gica- a rastrear en el pasado los caminos hacia la globalizaci\u00f3n (o sus obst\u00e1culos) como en otros tiempos lo hicimos en relaci\u00f3n con la modernizaci\u00f3n o el desarrollo de las fuerzas productivas. Tampoco a forzar nuestros temas para que encajen en esos par\u00e1metros y reemplazar la ideolog\u00eda nacionalista que presidi\u00f3 por d\u00e9cadas el trabajo de los historiadores por una ideolog\u00eda de la globalizaci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">En ese marco, quisiera, para terminar, subrayar la productividad de pensar Am\u00e9rica Latina como parte del mundo y no en sus m\u00e1rgenes, pero a la vez, sin esencializarla y sin disolverla necesariamente en el gran magma de lo global. La intensificaci\u00f3n de la producci\u00f3n y el intercambio de las \u00faltimas d\u00e9cadas nos habilita a hablar de un campo historiogr\u00e1fico espec\u00edfico, cuyo objeto de indagaci\u00f3n es una regi\u00f3n particular del mundo en el que se dibujaron y siguen dibujando y redefiniendo historias nacionales y locales conectadas entre s\u00ed y con el resto del planeta, no solo en el mundo real sino tambi\u00e9n en la imaginaci\u00f3n de nosotros, sus historiadores.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En el marco del XVII Congreso Internacional de la Asociaci\u00f3n de Historiadores Latinoamericanistas Europeos (AHILA 2014), que tuvo lugar en Berlin el pasado mes de septiembre, Hilda S\u00e1bato realiz\u00f3 un interesante acercamiento a la evoluci\u00f3n de los estudios historiogr\u00e1ficos llevados a cabo en Am\u00e9rica Latina, para ubicarlos en el ya amplio debate sobre la \u201cglobal history\u201c que domina hoy los escenarios acad\u00e9micos internacionales. 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