Violencia contra la mujer y terrorismo en el Perú: el caso de Sendero Luminoso

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Al hablar del rol de la mujer en Sendero Luminoso y otras organizaciones terroristas similares, comúnmente se menciona la importancia que tuvo el sexo femenino, y el protagonismo que lograron el la organización, sin embargo podemos preguntarnos: ¿es real este protagonismo? Visto desde afuera podemos observar una participación casi igualitaria obteniendo un mínimo de 30% de mujeres frente a un 70% de varones, y también se dice que tuvieron una participación del 56% en el comité central del Partido.
Sin embargo, aproximándonos a diversas investigaciones, y principalmente el Informe Final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR) podemos afirmar que la mujer dentro del movimiento terrorista ocupaba el mismo lugar, si no es uno peor, al que ocupa en la sociedad machista que se pretendía combatir. Muestra de esto son los diversos testimonios que se recogieron de diversos ataques a mujeres dentro y fuera del movimiento subversivo.
Observamos que en la base de datos de la Comisión de la Verdad y Reconciliación existen 7426 mujeres que fueron víctimas de desaparición forzada, detenciones, torturas y ejecuciones extrajudiciales. Si bien no puede afirmarse que todas estas mujeres fueron además víctimas de violencia sexual, sí debe tenerse en cuenta la posibilidad de que esto haya sucedido. Con ello, el número de mujeres víctimas de violencia sexual podría aumentar considerablemente.
La CVR considera violencia sexual a acciones como: prostitución forzada, unión forzada, esclavitud sexual, aborto forzado, embarazo forzado y violación sexual.
Una de las características del conflicto armado interno peruano fue que sus principales víctimas fueron pobladores que vivían las más humildes condiciones. Esto se pone en evidencia al constatar que las víctimas eran mayormente mujeres quechuablantes (75% de los casos), de origen rural (83%), campesinas (36%) o amas de casa (30%). Dicho de otro modo, fueron las peruanas más excluidas, y por lo tanto desprotegidas, las que sufrieron con mayor intensidad la práctica de la violación sexual, y violencia similar. Como se muestra en el siguiente cuadro:

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En relación a la edad de las víctimas, puede decirse que éstas eran jóvenes, siendo la mayor incidencia en niñas a partir de los once años. La Base de Datos informa que la mayor parte de las víctimas de violación sexual registradas tenían entre 10 y 29 años de edad. Muestra de la violencia con la que actuaban los miembros de este movimiento son los testimonios recogidos por la CVR como:

Una mujer cuya prima era una militante senderista afirma: “Muchas chicas tienen la ‘tarea revolucionaria’ de acudir a las cárceles para atender a los compañeros. No se pueden negar. Lo único que pueden hacer es elegir con quien van a tener relaciones sexuales. Generalmente un responsable designa las parejas”

“Los senderistas llevaban a las mujeres jóvenes al parque llamado Ushlalatuco, donde las violaban y las preparaban física y militarmente, también las adiestraban para realizar saqueos de animales e incluso aprendieron a manejar con facilidad las armas, para que cometan sus incursiones. Las jóvenes que sufrieron estos hechos en ese momento tenían dieciséis años. En otros casos, las mujeres eran secuestradas de sus casas y obligadas a acompañar a los subversivos en sus viajes. Una declarante cuenta cómo su hija fue secuestrada y obligada a permanecer con los senderistas por tres meses. Cuando pudo escaparse, estaba embarazada producto de una violación sexual.

Author: Mauricio Gamio

Graduado de la Facultad de Ciencia históricas y sociales de la Universidad Nacional de San Agustín de Arequipa (Perú) y actualmente estudiante del Máster en Historia. Sociedad , Poderes e Identidades de la Universidad de Salamanca, interesado en temas de Historia social y política contemporánea, violencia política y relaciones internacionales del Perú y América Latina.

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